E. M.
Los vecinos de la calle Óscar Olavarría, en el corazón de Cimadevilla, por fin respiran tranquilos. La llegada de varios obreros para apuntalar un viejo edificio completamente en ruinas situado en la parte posterior de la Comandancia de Marina ha acabado con meses de paseos recelosos por la zona y de miradas preocupadas hacia las fachadas del inmueble. Unas sensaciones que se habían incrementado tras el reciente derrumbe de un bloque de pisos en la calle Los Moros, al que Urbanismo se había negado a declarar en ruina.
«La decisión de asegurar el edificio es anterior a lo que pasó en Los Moros, pero espero que ese caso sirva para agilizar los trabajos», asegura Aida Artime, presidenta de la Asociación de Vecinos «Gigia», que desde hace años está acostumbrada a luchar para que los responsables municipales vigilen el estado de los edificios en el barrio antiguo, que cuenta con el mayor porcentaje de viviendas centenarias de toda la ciudad. Por eso, cuando hace unos días vio aparecer a los operarios que llevan a cabo ahora las labores de fijación de las paredes dio por ganada una batalla. «Desde hacía bastante tiempo habíamos dado parte de la situación a Urbanismo, pero parecía que nunca iba a llegar este día», señala.
Según los vecinos de la zona, el retraso en estos trabajos «imprescindibles» se debió a que desde el Ayuntamiento no se ha podido localizar al propietario del edificio, que fue abandonado hace varias décadas y que sufre un grave deterioro no sólo exterior, sino también interior. «Finalmente, los trabajos de apuntalamiento se han iniciado subsidiariamente y ante la posibilidad real de que ocurriera algo», señala Artime.
La calle Óscar Olavarría es una de las vías del Barrio Alto más transitadas, especialmente durante los fines de semana, ya que cuenta con numerosos locales nocturnos y varios restaurantes, además de enlazar la plaza del Marqués con la subida al Cerro, en las inmediaciones del Fuerte Viejo. El edificio dañado está situado muy cerca de la capilla de la Soledad, lugar de culto frecuentado por numerosos fieles. «Si con esto hemos conseguido evitar una desgracia, nos damos por más que satisfechos», dice la presidenta del colectivo vecinal, que ha visto solucionado uno de esos pequeños problemas de barrio que pueden acabar en grandes conflictos.