Un ambicioso proyecto editorial de La Nueva España, a partir del próximo domingo
Profesor de Prehistoria de la Universidad de Oviedo y autor de «La Prehistoria paleolítica en el territorio de Gijón»
Profesor de Prehistoria de la Universidad de Oviedo y autor de «La Prehistoria paleolítica en el territorio de Gijón»
J. C. GEA
El título es «Historia de Gijón», pero esta historia arranca, en realidad, antes de la Historia. El primer volumen de la ambiciosa obra que LA NUEVA ESPAÑA pondrá a la venta a partir del próximo domingo, día 31 -y que durante doce domingos abrirá, junto al ejemplar del día, otras tantas ventanas a las distintas épocas de la historia de la ciudad de Gijón y su concejo- se inicia con dos trabajos que retratan con el tono riguroso, ameno y actualizado que estructura la obra, y en una cuidada edición en tapa dura y a todo color, lo que fue el actual territorio gijonés en los tiempos en los que queda constancia de la primera presencia humana. José Adolfo Rodríguez Asensio y Miguel Ángel de Blas Cortina se ocupan, respectivamente, de la Prehistoria paleolítica y pospaleolítica; en palabras del primero de ellos, profesor de Prehistoria en la Universidad de Oviedo, «la parte más antigua de la Historia, aquella que está más envuelta en la nebulosa y en la oscuridad de los tiempos».
-¿De qué tiempo se ocupa usted, en concreto?
-He puesto el punto de partida del relato en una fecha en torno a 100.000 años atrás. Pero hay que tener en cuenta en todo momento que, cuando hablamos de Prehistoria, un período de tiempo muy grande, resulta muy difícil hacer una síntesis que se centre en territorios tan pequeños como Gijón y su concejo, o cualquier otra demarcación administrativa tan reciente, en términos históricos. Así que no queda más remedio que saltar límites en todo momento y referirnos a lo que sucedió en toda Asturias y en la cornisa cantábrica.
-¿Y qué sucedió?
-En esa área tenemos constancia de la presencia de grupos humanos en un período que va de 300.000 a 500.000 años atrás, como lo prueban los restos hallados en la zona de Luarca, en Cabo Busto, que además posiblemente no fuese la primera vez que venían. Si en el caso de Gijón he empezado por un período posterior, en torno a 100.000 años, es porque es cuando nos quedan evidencias concretas de grupos humanos asentados, tal como se ha ido probando por la aparición de bastantes restos en la zona. Unos restos que hay que poner en referencia con los de otros yacimientos de esa misma época, muy cercanos además, como el de Bañugues, encuadrado en lo que llamé en alguna ocasión el «territorio de Peñas», e incluso algo más alejados, como el de Busto, también coetáneo.
-¿Qué tipo de materiales son ésos?
-Son restos que han ido apareciendo en estos últimos veinticinco o treinta años como resultado de las grandes obras de infraestructura, que para nosotros son siempre muy bienvenidas porque remueven miles de toneladas de tierra y sacan a la luz mucha información. Antes de ese período, no se conocía prácticamente nada, y desde entonces hemos recuperado muchos materiales, sobre todo en la zona de Viesques y el Piles: hachas de mano, raederas, piedras talladas, todos esos útiles que venían a constituir el «maletín de herramientas» del hombre en aquel momento. Y no sólo en esas áreas: en los Campones, Puente Seco, Pumarín, la Campa Torres, La Piquera y muchos puntos más del concejo, las obras nos han ido regalando materiales de una época muy antigua.
-Aunque no restos humanos.
-Por desgracia, no. Al no existir cuevas o refugios, todos los restos humanos y animales se han perdido. Pero, de todos modos, esos útiles son auténticas joyas que nos dan la evidencia de presencia humana en épocas totalmente desconocidas hasta hace muy poco.
-Y que lo siguen siendo para el gran público.
-Sí. Éste es uno de los puntos que hacen tan interesante esta aproximación. Aunque yo ya había escrito un libro, «Gijón antes de Gijón», sobre estos hallazgos, es la primera vez que se muestra todo este material desde un punto de vista tan divulgativo y popularizado, detallando qué eran, para qué servían, cómo se construían. Se ha cuidado mucho presentar todo esto, los que llamamos los «modos industriales», de una manera que responda a preguntas elementales. Siempre me ayuda mucho, en este sentido, atender las preguntas que formulan los estudiantes. Los especialistas, a veces, perdemos la perspectiva del lector, y por eso son tan reveladoras las preguntas de los alumnos: para qué servían, cómo se construían, cómo sabemos que se trata de una piedra tallada y no de una configuración casual? Son esas preguntas las que he considerado obligatorio responder al lector, dando explicaciones sencillas.
-¿Hay alguna aportación novedosa reciente en este tramo cronológico?
-Por lo que respecta a Gijón y este territorio, no especialmente. La verdadera novedad es esa presentación accesible y cuidada, apta para el gran público. Hay que tener en cuenta que los especialistas, a veces, nos referimos a este período como la «época del gran aburrimiento», el «millón de años del aburrimiento», porque en él los hombres siempre hacen y utilizan lo mismo. No se mueve nada hasta que, hace 500.000 años, se produce un gran salto con la neandertalización. La llegada del Neandertal evidenciada por los hallazgos del Sidrón, de los que también hay que hablar forzosamente. Los hombres de los que estábamos hablando hasta ese momento en Asturias eran Heidelbergensis avanzados, preneandertales. Y, aun así, temo que los datos que aporto a este respecto estén ya un poco obsoletos porque el Sidrón está dando resultados todos los días. El hecho que hay que tener en cuenta, con todo, es que los neandertales estuvieron muy cerca de aquí.
«Hemos recuperado muchos materiales en Viesques y el Piles: hachas de mano, raederas, piedras talladas...»
«Se ha cuidado mucho cómo presentar todo lo que llamamos "modos industriales"»