MARIANO LÓPEZ SANTIAGO
La obra teatral representada en ambos días tuvo excelente acogida y buena respuesta de los espectadores que llenaron el teatro. No descubro nada, por ya sabido que esta pieza teatral está basada en una excelente película con el mismo título y dirigida por Blake Edwards, el texto actual utiliza una adaptación teatral de Owen McCafferty y en base a un guión original de J. P. Miller. Según la técnica teatral, las obras debían componerse de una exposición, nudo y desenlace. Pues bien, esta estructura se difumina o simplifica en una exposición de una pareja de enamorados, que en su convivencia posterior se deslizan trágicamente por la senda del alcoholismo. Buena interpretación de ambos actores, Carmelo Gómez y Silvia Abascal, y es curioso que al modo de las parejas criminales, íncubo, es decir el que induce, y súcubo, el atraído a la senda delictiva, en este caso el varón, que es el adicto inicial al alcohol, atrae a su pareja y al final aquél logra redimirse, mientras que ella permanece adicta a la bebida.
El transcurrir de la escena con su previsible final produce cierto desasosiego, y confieso que me distraje con el recuerdo de ilustres escritores que produjeron su creación artística en parte sumidos en la influencia del alcohol, el pesimista Pessoa, el terrorífico Allan Poe, el extrovertido Hemingway, creo que éste llegó a decir: «un hombre no existe hasta que está borracho».
Esta servidumbre humana tiene una tradición bíblica. El pasaje de Noé y en el Libro de Isaías 5.11 se nos dice: «Ay de vosotros los que os levantáis de mañana a beber vino y llegáis a la noche ebrios de vino».
Es posible que el hombre en su afán de cambiar sea un constante destructor de su propia obra y de su propia vida. Por desear más consiga más dolor. Concluimos con los consejos que Don Quijote ofrece a Sancho para su buen gobierno de la ínsula Barataria: «Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra».