R. VALLE
Justo Vilabrille, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón, evitaba ayer hacer predicciones sobre el tiempo que aún espera a los gijoneses para ver convertida la antigua Fábrica de Tabacos de Cimadevilla en el Museo de Gijón. El edil prefiere no adelantar camino y aferrarse a un presente marcado por el inicio del proceso de contratación de la redacción del proyecto y la dirección de obras. «Tabacalera arranca; tenía que haber arrancado antes, pero el hallazgo de los restos arqueológicos lo impidió. Ahora ya está en marcha la transformación de este emblemático edificio en el gran museo que cuente la historia de la ciudad y sirva de contenedor para las obras de nuestro patrimonio artístico», sentenció el edil socialista. El museo de museos de Gijón se asentará sobre estos pilares:
l Un complejo museístico de dos edificios. El eje central de la operación es la rehabilitación del edificio de las Agustinas Recoletas que luego se hizo Fábrica de Tabacos hasta la marcha, en 2002, de las últimas cigarreras y que goza del máximo nivel de protección. A él se vinculará, ya sea por una pasarela aérea a la altura de la tercera planta o por un paso subterráneo con ascensores, un edificio de nueva construcción que albergará el museo Nicanor Piñole. El desarrollo de este complejo museístico incluye acondicionar todo el entorno físico en pleno corazón de Cimadevilla. Ambos museos compartirán las áreas de servicios generales.
l Todo en 7.394 metros cuadrados. El grueso de esa superficie son los 5.020 metros cuadrados de la zona pública, con colecciones donde están las salas de exposiciones y el centro de documentación. A ello se suman 1.085 metros del área sin colecciones y 459 y 830 metros, respectivamente, de las zonas internas sin y con colecciones.
l Los secretos del edificio histórico. Los redactores del proyecto museístico deben tener en cuenta la obligación de conservar para su exhibición pública los restos arqueológicos que se descubrieron durante las excavaciones previas, fundamentalmente el depósito romano de agua, el aljibe del convento y la canalización de agua del patio. En cuanto al edificio catalogado, se impone como criterio básico para el exterior que se conserve el orden compositivo, aunque se podría valorar la apertura de nuevos huecos, y en el área interior se establece que hay que aumentar la altura de las naves en las plantas baja y primera, aunque «no se considera aconsejable el vaciado del edificio ni ninguna intervención que altere el sistema de muros». El pliego de condiciones del proyecto también especifica una serie de elementos del edificio que deben ser conservados por su elevado valor simbólico: la iglesia que se transformó en almacén de rama de tabaco, los espacios del antiguo claustro, el pasillo de la planta baja que comunicaba el vestíbulo de la fábrica con las dependencias laborales, el paso elevado de hierro y los aseos de las plantas primera y segunda, la galería de paso al almacén nuevo y las naves de liado y empaquetado de cigarrillos superiores y farias
l Gijón se hace maqueta. Los restos arqueológicos hallados en la Fábrica de Tabacos y el propio edificio se utilizarán para contar la historia de la ciudad en una exposición permanente dentro del convento fábrica que se estructura en tres ámbitos. Uno de los elementos singulares de esa muestra es la maqueta virtual en la que se explicarán el desarrollo y la evolución histórica de la ciudad.
l De Roma a la actualidad en el convento fabrica. El edificio de Tabacalera servirá para contar tres épocas históricas: la época romana con la presentación del depósito de agua; la arquitectura conventual barroca, con la iglesia, y el claustro y la transformación del convento en factoría tabaquera.
l Una exposición en diez capítulos. Las diez unidades temáticas que articulan el discurso expositivo son: Precedentes y origen del museo; Luis Fernández de la Vega y la escultura barroca en Asturias; Jovellanos, una personalidad referencial; La ciudad liberal, el Gijón isabelino; El Gijón de la Restauración, la visión realista; Gijón ante el nuevo siglo: Evaristo Valle y Nicanor Piñole; Gijón en guerra, capital cultural de la Asturias republicana; La posguerra, postración y resurgimiento; El Gijón del desarrollismo, la ruptura del informalismo y Transición y democracia, el retorno a la figuración y otros eclecticismos.
l Un contenedor de casi 9.000 obras de arte. El nuevo museo servirá para aglutinar las colecciones artísticas municipales que ahora mismo están dispersas entre los museos Casa Natal de Jovellanos y Nicanor Piñole. En el primero hay 3.683 obras (el 68% de ellas sobre papel) y en el segundo más de cinco mil dibujos de varios formatos y 56 óleos, además de otras 31 piezas en depósito. La intención, en palabras de Justo Vilabrille, es poder exponer lo más relevante de todo ese patrimonio.
l El eje de un circuito artístico por el centro. El nuevo museo permitirá reforzar un circuito histórico artístico en torno al casco antiguo, que incluye la plaza Mayor, Campo Valdés, «Elogio del horizonte», sala de la Autoridad Portuaria, Museo Juan Barjola y Palacio de Revillagigedo.
l Un espacio para la memoria industrial y obrera. El Museo de Gijón incluirá un servicio público para fomentar la investigación en el campo de la memoria industrial y obrera con la gestión de fondos documentales y coordinación entre distintos archivos.
l Cien mil visitantes al año. Las previsiones indican que el centro recibirá entre 70.000 y 100.000 visitantes al año con más de 1.200 personas en los días de más visitas. Por ello se hace hincapié en el informe inicial en garantizar buenas circulaciones interiores, accesos en el entorno de Cimadevilla y espacio para aparcamientos. El complejo museístico debe tener también un área de acogida e información con capacidad para cien personas, una mediateca con 30 puestos y un salón de actos con capacidad para 200 o 250 personas
l Un museo por 16,2 millones. La licitación máxima de las obras en Tabacalera no pueden exceder de los 16,2 millones (sin impuestos). El primer dinero que desembolsará el Ayuntamiento es, incluido ya el IVA, son 1,1 millones que cuestan el proyecto y la dirección de obras. Ese dinero se reparte en tres anualidades empezando por un gasto de 300.000 euros imputado al ejercicio anterior y de 348.999,35 euros del presupuesto de este año. La redacción de obra cuesta 530.999,47 euros pagaderos en 2011.