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Cementerios nucleares

n Los intereses locales chocan con las directrices de los órganos rectores autonómicos y nacionales de los partidos políticos

 
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Cementerios nucleares
Cementerios nucleares  

RAMÓN ARTIME GARRUCHO El emplazamiento del almacén temporal centralizado (ATC), llamado también cementerio nuclear, que quiere construir el Ministerio de Industria ha suscitado una polémica en los partidos, donde los intereses locales chocan con la posición fijada por las desafiantes declaraciones de sus superiores en las direcciones autonómicas y nacionales. El Gobierno ha convocado un concurso abierto a todos los ayuntamientos de España, que además de beneficiarse de la creación de entre 300 y 500 puestos de trabajo, 800 millones de euros de inversión total, construcción de un centro de investigación y de un parque empresarial, además de 11,5 millones de euros anuales en ayudas para acoger este almacén que urge su instalación en suelo español para evitar la sangría que supone tener que enviar los residuos a Francia. El retraso es exagerado en su construcción desde que se firmó un acuerdo en 1994 para depositar los desechos radiactivos en Francia y pagar un alquiler por el servicio, no precisamente barato. Desde esta fecha España ha pagado más de 200 millones de euros a Francia por alojar allí nuestros residuos nucleares. El acuerdo con Francia finaliza el 21 de diciembre de 2010, cuando España debería tener listo su cementerio nuclear para acoger la vuelta a España de los desechos atómicos. Por los retrasos ocasionados desde finales de año deberemos pagar 60.000 euros al día. En total, 22 millones de euros al año. Lo que esto significa es que somos los contribuyentes quienes indirectamente estamos costeando este gasto a través del recibo de la luz.

Actualmente los residuos radiactivos que se generan en España son de muy baja, baja, y media actividad, y proceden de los hospitales, los centros de investigación, la industria y de las propias centrales nucleares. En España sólo existe una instalación preparada para recibir y almacenar residuos radiactivos de baja y media actividad en El Cabril (Córdoba) .

Enrique González, del Centro de Investigaciones Energéticas Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), afirma que todos los residuos del combustible irradiado español que se haya producido desde el principio de la explotación de las centrales nucleares hasta la fecha cabrían en una piscina olímpica con una altura aproximada de 15 a 20 metros; y si a esta cantidad de combustible irradiado se le suma el producido en el resto de centrales del mundo se obtiene un volumen de residuos que en total, desde Estados Unidos a Japón pasando por la intermedia Europa, cabría en la mitad del estadio Santiago Bernabeu; un volumen que se antoja lo bastante pequeño como para que pueda ser objeto de una atenta y vigilada gestión y que confiere credibilidad a la afirmación de los expertos de que la nuclear es la única industria que tiene sus residuos controlados.

Al finalizar el período de utilidad de un elemento combustible, en el corazón de los reactores nucleares se habrá formado una amalgama de reactivos que podrán permanecer hasta miles de años desintegrándose en su búsqueda de la estabilidad. Tras su utilización en el reactor el elemento combustible permanece, en primer lugar, sumergido un mínimo de 5 años en piscinas ubicadas en las propias centrales. De esta manera se consigue reducir su carga calorífica a la vez que el agua actúa como blindaje frente a las reacciones. Sin embargo, este tipo de almacenamiento es temporal y el combustible gastado puede seguir dos opciones futuras: ser reprocesado para recuperar el uranio y plutonio ser directamente un residuo para tratar. Pero el futuro apunta más lejos y las nuevas investigaciones no se conforman con separar uranio y plutonio, sino que pretenden separar todos los demás elementos radiactivos de vida larga, para que puedan ser estables.

De esta forma se puede ayudar a reducir drásticamente la magnitud del problema de los residuos. Para su destino final existe una tecnología que se viene desarrollando hace varios años: el almacenamiento geológico profundo (AGP). Suecia, Finlandia, Francia, y Estados Unidos tienen proyectos serios, en algunos casos con la ubicación definida.

El ciclo de combustible quedaría entonces así: una fase inicial de almacenamiento en las piscinas de la central para que tenga lugar una primera etapa de enfriamiento, seguida de otra de almacenamiento en seco, bien en un almacén centralizado que reciba el combustible de otras centrales (ATC) o bien uno de cada central individual, durante decenas de años, en un almacén adecuado, probablemente, almacenamiento geológico profundo (AGP).

En España se apuesta por la construcción de un almacenamiento temporal centralizado (ATC) en superficie. En junio de 2006 el Parlamento aprobó por mayoría su construcción para almacenar el combustible gastado de todas las centrales nucleares españolas. En la actualidad las piscinas tienen capacidad hasta el período 2013-2022. El almacenamiento temporal centralizado (ATC), con una vida operativa que estaría entre los 50 y 100 años, es un elemento crítico porque permite disponer del tiempo necesario para investigar todas estas opciones y tener información suficiente como para decidir qué tipo de gestión interesa más.

Debemos significar que la energía nuclear es la más barata, más limpia, en tanto que no produce gases como el CO2 que contribuyen a crear el efecto invernadero, y también la más razonable en tanto que garantiza el suministro de energía eléctrica, garantía que no pueden ofrecer otras energías al depender de las circunstancias meteorológicas.

El renacer de la energía nuclear viene de la mano de las necesidades ambientales y del crecimiento de la demanda energética pero también del avance científico y tecnológico, dirigido a minimizar los problemas que plantea en materia de seguridad y residuos. Todo ello explica que la opinión pública esté desplazándose desde el territorio del miedo y la oposición hasta el de la aceptación; en todo el mundo y también en España, uno de los países donde mayor rechazo ha producido tradicionalmente esta energía.

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