JOSÉ LUIS MARTÍNEZ
Hoy tenemos el mismo escenario que el del domingo pasado. Jesús, entre sus paisanos, comenta un texto de Isaías en la sinagoga de Nazaret. Durante el discurso de Jesús, el pueblo, que le escucha, pasa de la admiración al furor, de la aprobación a la amenaza: «todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras que salían de sus labios»... «Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, le empujaron fuera del pueblo, con ánimo de despeñarlo».
¿Qué pasó para que se produjera ese cambio sustancial? ¿Alguien, envidioso, sembró en el pueblo comentarios en contra de Jesús? ¿Esperaban los nazarenos un espectáculo, un montaje sorprendente, que demostrara la categoría del personaje de su pueblo? Lo que pasó a Jesús en Nazaret es un resumen de lo que le pasará a lo largo de su vida. Como profetizó el anciano Simeón en la presentación en el templo, Jesús de Nazaret será una señal de contradicción, de rechazo y de adhesión, capaz de suscitar los más bellos sentimientos de entrega o de ser causa de los mayores desprecios.
En el Domingo de Ramos se mezclaron en un combinado misterioso y cruel el «crucifícalo» del Viernes Santo y el «hosanna» del domingo. En torno a la persona de Jesús hay un camino de sentimientos encontrados. Unos quieren despeñarlo, otros están dispuestos a dar la vida por Él. Jesús curará enfermos, levantará corazones abatidos, llamará a vivir el amor a Dios, que es Padre, y muchos se entusiasmarán, pero, al mismo tiempo, otros no aceptarán que un hombre igual que ellos pueda hacer y decir todo aquello y lo conducirán, incluso, hasta la cruz.
Jesús fue un audaz al presentarse ante los suyos, como profeta y Mesías, sin ningún ropaje solemne y con la única categoría personal de ser el hijo de María, el hijo del carpintero. Desde Juan Bautista, desde Jesús de Nazaret hasta los últimos profetas eliminados o asesinados, se cumple la profecía: «ningún profeta es bien mirado en su tierra». El profeta molesta, inquieta, desestabiliza. Profeta es aquel que dice la verdad antes de tiempo. Todos debemos recordar, que por el bautismo, somos los cristianos, sacerdotes, profetas y reyes.