María IGLESIAS
Su sonido enamoró hasta el mismo B. B. King. Y es que la guitarra del bluesman, como el propio músico advierte, nunca había sonado tan bien hasta que pisó el teatro de la Laboral. Diseñado en los años cuarenta por el arquitecto madrileño Luis Moya, es sabido por todos que el salón teatral de la Universidad Laboral cuenta con una de «las mejores instalaciones acústicas de toda Europa».
Una calidad sonora que tanto arquitectos como técnicos se empeñaron en mantener y en mejorar tras la reforma del teatro. Ahora, dos años después de su reapertura, la Laboral puede presumir de ser un «referente acústico para las redes de teatro europeas». Pero, ¿cómo se ha trabajado para llegar a este punto? El director técnico del teatro, Rafael Mojas, achaca las excelentes características del coliseo a la «genialidad» de Luis Moya, tanto en cuestiones acústicas como visuales. «Concibió esta sala como un salón de actos, en el que después se podría celebrar todo tipo de eventos; para ello partió de un sonido seco», explica Mojas del arquitecto.
Los «culpables» de esta calidad acústica son, entre otros, el techo de bóveda con elementos reflectantes, así como los techos situados bajo los palcos y anfiteatro, y las fajas alternadas de la pared, que rompen la onda de graves y absorben el sonido. «La combinación de elementos reflectantes y absorbentes dan como resultado una acústica perfecta para el orador», aclara.
Otra de las cualidades que produce ese sonido seco, tal y como asegura el director técnico, es el escaso tiempo de reverberación de la sala (1,2 segundos). «La reverberación es el tiempo que tarda el sonido en volver, algo así como el eco. En una iglesia el tiempo de reverberación es muy alto. Es lo que se define como sonido brillante», apunta.
La acústica seca del teatro de la Laboral es ideal para voz, conferencias y música acústica. Sin embargo, no es tan idónea para música clásica porque ésta «necesita más brillantez». «Los auditorios tienen un sonido más brillante», explica Mojas. Para resolver este inconveniente se barajaron varias hipótesis como la instalación de una concha acústica, o unos telones. «Sin embargo, la acústica de la sala era tan perfecta, que no tenía sentido variarla», aclara el director técnico.
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