FRANCISCO GARCÍA
Por fortuna para su salud mental y para desgracia de los fabricantes de ansiolíticos, Fernando Alonso, piloto ovetense, no muestra parecido alguno con el futbolista Miguel Pérez Cuesta, «Michu», del Celta y oviedista, a quien el rojo y el blanco de la casaca del Sporting parecen provocarle urticaria. Alonso pilotará un Ferrari rojiblanco y se le ver rodar por Cheste más contento que unas castañuelas. Como a Michu, a Alonso le han ofrecido más dinero y mejores prestaciones, y se ha embarcado sin dudarlo en el cambiazo, le disguste o no el brochazo bicolor de la carrocería de su monoplaza. No se puede llevar cierto aldeanismo de corto recorrido a extremos irracionales. Imagínense al ex campeón mundial de fórmula 1 exigiendo, por cuestiones de ADN, un coche azul, que el himno de la escudería italiana lo cante Melendi y que en Maranello sustituyan por un asturcón el «cavallino rampante». Y en el podio, mejor que Möet-Chandon, sidra El Gaitero. Hay que ser del Celta y corto, rediez.