J. L. ARGÜELLES
Dos veces al mes, cada catorce o quince días, hay una marea viva: la pleamar supera los 4,15 metros. Pero no es tan habitual que la bajamar, es decir, el reflujo de la marea, alcance su máximo punto de retroceso, el «cero hidrográfico» o «datum», según la terminología utilizada por los físicos. La mar bajó estos últimos días en Gijón hasta llegar casi a su «datum» el pasado lunes, el mayor descenso previsto para este año y uno de los grandes reflujos registrados por los mareógrafos.
Esa gran bajamar ha sido el resultado de dos fenómenos coincidentes: las altas presiones que estos días ha soportado la ciudad y las mareas equinoccionales, que suelen producirse en los meses de marzo y septiembre, pero que este año parece que se han adelantado a febrero, según explicó ayer César González Pola, físico del Instituto Oceanográfico de Gijón. Estas mareas equinoccionales, que se producen dos veces año, son consecuencia de la situación del Sol sobre el ecuador. Esa posición hace que los días y las noches duren lo mismo en toda la Tierra.
«La orientación de la Tierra, su posición de inclinación, hace que el empuje sobre las mareas sea mayor», indicó González Pola. Según Ángel Caballero, uno de los prácticos veteranos de El Musel, y por tanto experto conocedor de las particularidades de las mareas, las altas presiones de los últimos días son otro fenómeno que ayuda a que se produzca una gran bajamar, como la del pasado lunes y la de ayer. Es una explicación con la que estuvo de acuerdo González Pola.
«A bajamar todo aparez», dicen los playos, los gijoneses de Cimadevilla. En las dársenas del puerto deportivo se han visto en estos días desde botellas y vasos de los establecimientos próximos hasta chupetes, bolígrafos y otros objetos. También hay quien aprovecha la profunda retirada de las aguas para batir los pedreros en busca de oricios y otros frutos de la mar.
Las mareas son oscilaciones periódicas del nivel de mar por la influencia de la gravitación universal y la relación del Sol, la Luna y la Tierra, pero no siempre se alcanza la bajamar perfecta, ésa que ni siquiera pueden prever los estudiosos y anunciar, por tanto, las tablas de mareas. La gran bajamar es así, también, un singular espectáculo natural que los gijoneses han seguido estos días en los distintos escenarios marítimos de la ciudad. La mar tardará aún un tiempo en volver a alcanzar su punto de máximo retroceso.