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El complot de un candidato al Nobel

Vicente Ferrer, fallecido en 2009 y cuya Fundación aspira al galardón sueco, preparó tras la guerra en el cuartel de Simancas la huida de un compañero

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J. M.

La memoria del filántropo y cooperante español Vicente Ferrer, que vivió en Gijón un episodio de complot militar que recordaría años después en su autobiografía, se ha reactivado con la presentación de la Fundación Vicente Ferrer como candidata al premio Nobel de la Paz 2010.

Vicente Ferrer falleció en junio de 2009, en Anantapur (la India), donde creó hospitales, centros de atención al VIH y a la natalidad, numerosas clínicas rurales, casi 1.700 escuelas o 30.000 viviendas, entre otros muchos proyectos de desarrollo destinados a una población de dos millones y medio de personas.

Vicente Ferrer i Moncho, que recibió el premio «Príncipe de Asturias» de la Concordia en 1998, había nacido en Barcelona en 1920. Afiliado de joven al POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) participó en la Guerra Civil -en la batalla del Ebro- y huyó a Francia tras la contienda. Al volver a España, fue internado en el campo de concentración de Betanzos (1939) y las autoridades nacionales le impusieron a continuación el servicio militar.

«Mi destino fue el cuartel de Simancas, en Gijón», cuenta Ferrer en sus memorias. Allí trabó cierta amistad con un sargento falangista y organizó la huida de un compañero catalán, amenazado de detención. «Al llegar, lo primero que nos preguntaron fue quién sabía leer y escribir. Como un solo hombre, los catalanes dimos un paso al frente. A mí, me pusieron al cargo de una oficina de intendencia, que distribuía los uniformes, las botas y las mantas».

Será gracias a ese «sargento joven, muy falangista, pero que me apreciaba» por lo que Vicente Ferrer puede salir a estudiar y logra preparar el Bachillerato y aprobar el examen del Estado, en la Universidad de Oviedo.

«Dentro del cuartel, mi mejor amigo se llamaba Bellsolell, un chaval de Mataró», que era «escribiente en la oficina del Servicio Secreto del Regimiento» y «abría toda la correspondencia oficial», prosigue Ferrer. Pero los problemas comienzan cuando «una noche, me tendió una carta del Ministerio del Ejército; era la notificación de una orden de detención y arresto por parte del tribunal militar contra el soldado Joan Bellsolell». Inmediatamente, Ferrer juntó a cinco colaboradores «duchos en burocracia, que dominábamos el papeleo», falsifican un permiso a nombre de Bellsolell, «imitando la firma del capitán», para que asistiese al funeral de su padre y se ausentase quince días.

«Pertrechado de aquel falso permiso, Bellsolell se largó corriendo, antes de que sonara la diana, en dirección a Francia». Para que «no se dieran cuenta de que se había marchado, cada día, uno de nosotros respondía "¡presente!" en su lugar cuando pasaban lista». Así sucedió durante tres días. « Al cuarto día, a la voz de "¡Joan Bellsolell!" siguió un silencio».

Los autores del plan «habíamos calculado el tiempo necesario para que pudiera llegar a Barcelona y, de allí, a la frontera». Ferrer y sus compañeros libran las intensas investigaciones, pero «pasado un tiempo, mi amigo el sargento, que sabía perfectamente que Bellsolell era íntimo amigo mío, me cuestiono: "Vicente, ¡confiésalo!, tú lo sabías..., ¡sabías que se marchaba!"». Ferrer agrega entonces que «un deber de sinceridad se imponía ante aquel hombre que, por muy camisa azul que fuera, me había tratado siempre con extrema dignidad: "Sí, sargento, lo sabía... pero ante todo era un amigo"». El futuro cooperante concluye su relato con que «el hombre, dubitativo, meneó la cabeza, al tiempo que musitaba: "Lo comprendo. Yo hubiera hecho lo mismo". Dio media vuelta y se fue».

Vicente Ferrer ingresó en la Compañía de Jesús en 1944 y llegó a la India en 1952. En 1970 deja la orden de San Ignacio y se casa con la periodista inglesa Anne Perry. Funda entonces una organización de desarrollo rural, y en 1996 crea la Fundación Vicente Ferrer, que vela por su memoria y es ahora la aspirante al Nobel.

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