J. M. CEINOS
Francisco Cuesta Toribio nació en 1961 en Chañe (Segovia). Se licenció en Geografía e Historia (en la especialidad de Arqueología y Prehistoria) en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde tuvo de profesor a José Luis Maya González. Sería Maya quien le traería, en 1982, a Gijón, a excavar en el yacimiento de la Campa Torres. Tras acabar la carrera, Francisco Cuesta junto con José Luis Maya (autores del segundo tomo de «Historia de Gijón», dedicado a la época prerromana. El próximo domingo, 7 de febrero, llegará a los quioscos) se encargarán de la dirección de la consolidación del yacimiento hasta el fallecimiento del segundo, en el año 2000. Tras trabajar, luego, en escuelas taller, en programas de protección del patrimonio y en el Ayuntamiento de Avilés, Francisco Cuesta acaba de ser nombrado director del Museo Etnográfico de Grandas de Salime.
-¿Qué significa el yacimiento de la Campa Torres en la historia?
-La Campa Torres ha supuesto un cambio de lo que conocíamos antes de la cultura castreña a lo que conocemos ahora, y muchas de las cosas que dábamos por supuestas hasta que no se iniciaron los trabajos en la Campa Torres nadie las conocía, ni siquiera se habían formulado.
-¿En qué sentido?
-En Asturias, había dos temas emblemáticos dentro de la Arqueología: uno era todo el Paleolítico, con las cuevas y el arte rupestre, y el otro la cultura castreña, entre otras cosas con Coaña como el castro más representativo. Pero, curiosamente, a pesar de ser uno de los yacimientos clave, prácticamente no se sabía nada, mientras que de la Campa Torres se decía que era un yacimiento romanizado e, incluso, había algún autor que decía que la cultura castreña en Asturias se correspondía con una población ganadera sin asentamientos estables y que cuando llegan los romanos es cuando se fortifican, de ahí la palabra castro (poblado fortificado) que derivará en castillo.
-El cambio es sustancial...
-Claro; se pensaba que la cultura castreña había surgido en el siglo I, con la llegada de los romanos, pero la Campa Torres es el primer yacimiento de Asturias que demuestra que existe un complejo defensivo en fechas tan antiguas como los siglos VI y VII antes de Cristo, es decir, bajamos la cronología de la Campa Torres en siete siglos.
-Y que Gijón tiene unos cuantos años más que los dos mil desde la romanización...
-Naturalmente y también pudimos demostrar que la Campa Torres fue el poblado más importante de toda la costa cantábrica; desde el País Vasco hasta Galicia en la costa no hubo ningún poblado del tamaño y la importancia de la Campa Torres, y ese poblado se conocía con el nombre de Noega, que es el primer nombre que tuvo Gijón.
-¿Por qué ese primer asentamiento en el cabo de Torres?
-Se eligió como un lugar estratégico y para controlar El Musel, que es el mejor fondeadero del Cantábrico. Los primeros habitantes de Gijón, los cilúrnigos, se dedicaban a fundir metal y al comercio. Tenían una estrategia muy moderna, ya que en la antigüedad domina la agricultura y la ganadería, pero, en cambio, en Gijón ya hay claramente una vocación de fundición y de servicios, que quedará rota con los romanos.
-¿Y Gigia?
-La Campa Torres es un lugar incómodo, sobre todo cuando hay temporales, por eso los romanos buscan un lugar más confortable y que se adapte más a su gusto. Bajan, entonces, al tómbolo de Cimadevilla, por lo que durante, probablemente, ciento cincuenta años, están viviendo dos ciudades: una que está perdiendo importancia, que es Noega, y otra que está creciendo, que es Gigia.
-¿Quiénes eran los cilúrnigos?
-Son los primeros habitantes que tiene Gijón, y su significado es los caldederos o los que hacen calderos, ya que se dedican a la fundición de metales, sobre todo el bronce. Curiosamente, cuando llegan los romanos obligan a la población a mandar gente a servir en el ejército, y parte de los de Gijón son destinados a caballería y les envían a defender la muralla de Adriano, que está entre Inglaterra y Escocia. Ahí hay un yacimiento que se llama Cilurnum, es decir, la ciudad de los cilúrnigos. Y es que los gijoneses de la antigüedad tenían un concepto que es muy actual: Gijón no es un lugar, es donde van las personas; donde hay un gijonés ahí está Gijón.