FRANCISCO GARCÍA
Que a un atracador lo detengan en la cola del paro no tiene más que dos explicaciones: o bien abrigaba la certeza de que tras un enero de cifras alarmantes el concurrido Inem era lugar idóneo para eludir el cerco policial, o su nefasta visita a la oficina de empleo no albergaba otro objeto que informarse de si al gremio de maleantes también le afecta el ensanche de la edad de jubilación que pretende este Gobierno de decisiones a mano armada. Se desconoce si el personaje en cuestión pretendía darse de alta en el desempleo tras el escaso rédito de su último «trabajito» o si sólo buscaba sellar la cartilla y los agentes que le venían siguiendo se la acabaron leyendo. Si como escribió Jardiel Poncela los ladrones van a la oficina, ¿cómo no iban a procurarse la preceptiva prestación? Reconforta que la trágica crónica de sucesos ofrezca en ocasiones noticias de comedia y opereta, como compensación al mar de luto y sanguinolencia que con frecuencia salpica la tipografía de los periódicos.