A. RUBIERA
«Era un día del mes de junio. Estaba de guardia en el Hospital de Cabueñes y me empecé a sentir bastante mal, con mucho cansancio. Pensé que podía ser un proceso gripal o algo parecido, así que me tomé una aspirina. Me alivió, pero no del todo. Al poco tiempo me volví a sentir otra vez muy mal, muy cansado, y ya por la noche noté un dolor fuerte a la altura del bazo. Subí a la planta de cirugía y le pedí a la enfermera que me pinchara para que me hicieran una analítica urgente. Cuando el hematólogo de guardia me llamó y me dijo "doctor Makdissi, tenemos que hablar", yo me adelanté y le dije: ¿tengo leucemia?».
Así recuerda el doctor Salim Makdissi Zouheir cómo irrumpió la enfermedad en su vida. Hombre metódico, de vida sana, hogareño y un estudioso de su especialidad -es cirujano y experto en cáncer colorrectal-, a los 59 años se daba de bruces con una leucemia linfoide en grado severo que le tuvo postrado, que le obligó a someterse a seis ciclos de quimioterapia y cinco ciclos de tratamientos con anticuerpos, pero de la que ocho meses después se considera recuperado.
«Me encuentro bien, feliz, he respondido bien a los tratamientos y aunque siempre puede producirse una recaída, no quiero pensar en ella. Ni quiero pensar en la muerte, que me llegará como a todos, yo quiero pensar en la vida», expone el doctor Makdissi. Porque este cirujano de origen sirio y nacionalidad española (lleva 32 años afincado en Asturias) se siente recuperado y, lo que es más importante, lleno de ánimo, de agradecimiento a los muchos amigos, compañeros y pacientes que le mostraron su apoyo, y pleno de confianza en la sanidad pública. Y todo eso lo quiere volcar, más que nunca, en su oficio.
En sólo unos días el doctor Makdissi se reincorpora a su puesto en Cabueñes y asegura que tendrá, más presente que nunca, la importancia del diagnóstico precoz y el sufrimiento de los enfermos. «Siempre me dediqué a ellos, y a la medicina, en cuerpo y alma, por eso no puedo decir que creo que voy a ser mejor médico después de lo ocurrido. Lo que sí es cierto es que ahora siento que puedo entender mejor a los pacientes cuando se quejan; soy aún más consciente de que necesitamos dedicarles tiempo para que entiendan y tiempo para escucharles. Además de ser un artesano de la especialidad y ofrecerles todo tu saber, también hay que ser prudente y muy humano», sostiene.
El doctor Makdissi dejó Siria hace 40 años con el beneplácito y el respaldo económico de su familia; se formó como médico en la Universidad de Zaragoza, se doctoró en Oviedo y se convirtió en un experto (con formación en Estados Unidos) en la coloproctología. Ha sido pionero en la introducción de algunas técnicas de abordaje de este tipo de cáncer, es miembro de diversas sociedades científicas, entre ellas la Real Academia de Medicina de Asturias, y presidió la Sociedad Asturiana de Patología Digestiva. Dice que por sus manos es posible que hayan pasado cerca de «5.000 enfermos».
Ahora, además, ha sido un paciente grave de la sanidad pública española, la ha visto desde el otro lado de la consulta y sabe que tiene mucho que ofrecer. Acostumbrado, como todos sus colegas, a hacer diagnósticos a otros y hablar de la enfermedad en tercera persona, el doctor Makdissi no quiere dejar pasar la oportunidad de ofrecer lo que él llama sus «mensajes». El primero es que «nunca olvidaré las manifestaciones masivas de cariño que recibí de compañeros, pacientes y amigos. Eso me dio fuerzas y me ayudó a seguir luchando». El segundo es que «ante la enfermedad hay que coger el toro por los cuernos, luchar y no perder el optimismo. Hay que pensar en la primavera, cuando siempre florecen las cosas».