FRANCISCO GARCÍA
Cuentan las lenguas de doble filo e incluso triple que el concejal de Hacienda de Gijón y adelantado de la carrera sucesoria, Santiago Martínez Argüelles, tiene puesta una cruz en sus aspiraciones políticas desde la visita a esta ciudad de Leire Pajín, el pasado diciembre, con motivo de la cena navideña de los socialistas gijoneses. Dicen que Martínez Argüelles, ese edil de procedencia universitaria que acabará retornando al «alma mater studiorum», no le entró por el ojo bueno a la secretaria de organización, que tomó nota. Yo que el concejal de Emtusa no me preocuparía, pues como pitonisa la señorita Pajín no tiene precio: discurrió que los astros habían confabulado para que sobre la faz del planeta se extendiera una nueva era de acuario en la que Zapatero y Obama llevarían la voz cantante a uno y otro lado del Atlántico, y ya lo ven: el de allí va camino de convertirse en la gran decepción negra y el de aquí, en el gran fiasco blanco. Quede usted tranquilo, don Santiago, que el oráculo Pajín cuando se equivoca acierta.