J. L. ARGÜELLES
A Severino García Vigón, presidente de la patronal asturiana y de la Cámara de Comercio de Oviedo, además de consejero de la Autoridad Portuaria de Gijón, le gusta subrayar que El Musel debe convertirse en una de las locomotoras de la economía asturiana. La segunda mayor dársena del Norte por tráficos, detrás de la de Bilbao, aporta el 11 por ciento del producto interior bruto (PIB) del Principado y el 7 por ciento del empleo regional, pero aún está lejos de agotar sus posibilidades, más cuando este año concluya la mayor ampliación de su historia, una obra que cuesta 715,6 millones de euros (sin IVA) y permitirá a la terminal gijonesa duplicar su actual capacidad. Pero para alcanzar el objetivo de convertirse en uno de los grandes puertos del Arco Atlántico, según el planteamiento anunciado por el presidente de Asturias, Vicente Álvarez Areces, las instalaciones tienen que diversificar mucho más su perfil netamente industrial y convertirse en un polo logístico, en la puerta de entrada y salida de las mercancías de un «hinterland» (espacio de influencia) tan amplio como sea posible.
Es la estrategia que han puesto en marcha la Autoridad Portuaria de Gijón y su presidente, Fernando Menéndez Rexach. La teoría es sencilla, pero alimenta uno de los cambios más profundos en la trayectoria de un puerto centenario, que nació ligado al carbón y creció por las necesidades de importación de mineral de la siderurgia. La internacionalización de la economía asturiana necesita un puerto mucho más abierto a las necesidades importadoras y exportadoras de las pequeñas y medianas empresas. Tiene, además, que tomar posición como la dársena de referencia para Castilla y León e incluso Madrid.
La documentación consultada por este diario sobre las estrategias a seguir son claras. Se trata de conservar el liderazgo como el mayor puerto granelero español, posición que conserva por sus tráficos para Arcelor-Mittal, las compañías termoeléctricas y la cementera Tudela Veguín, pero con una nueva apuesta para convertirse en una gran plataforma logística de la cornisa cantábrica. El Musel no renuncia a su identidad industrial. Al contrario, pretende reforzarla con una doble operación: hacer del nuevo muelle Norte, en la zona de la ampliación, un gran centro de transbordo internacional de carbones, y, además, desarrollar a partir de la regasificadora en construcción adjudicada a Enagás un polo energético que permita ampliar sus tráficos de líquidos.
La apuesta más innovadora está, sin embargo, en la construcción de una terminal multipropósito en el espacio que ahora ocupa la de graneles sólidos, en el muelle Marcelino León, así como en la concesión y próxima entrada en servicio de la primera autopista del mar entre el norte de España y la fachada marítima occidental francesa. Fuentes portuarias consultadas por este periódico insisten en que El Musel está obligado a desempeñar un papel muy distinto del que ha asumido hasta ahora para rentabilizar, por un lado, la elevada y polémica inversión de la ampliación, y por otro, para no quedar relegado a puerto periférico al servicio del algunas importantes empresas, pero sin relevancia en la revolución logística que tiene en marcha Europa. El principal puerto asturiano, que ocupa una posición central en el Cantábrico y está en condiciones de canalizar los tráficos hacia la zona comercial más activa de la UE, se juega mucho en los próximos años.
Los éxitos o fracasos portuarios rara vez lo son por casualidad. Rexach ha firmado desde 2006 varias alianzas internacionales, desde Veracruz (México) hasta Ningbó (China), pasando por Costa de Marfil. Pero donde es necesario amarrar las oportunidades de El Musel para la Europa que viene, que es la del transporte intermodal, con un mayor uso del barco y del ferrocarril, es en el propio «hinterland». La Autoridad Portuaria de Gijón ha presentado su oferta ante las cámaras de Comercio y agrupaciones empresariales de León, Zamora, Valladolid y Madrid. Castilla y León, la mayor región de la UE, trabaja en una ambiciosa red de plataformas logísticas (Cylog) de las que la terminal gijonesa debe ser, a juicio de los expertos consultados, la referencia portuaria. El Musel, que, según un reciente trabajo de las cámaras de Comercio de la Ruta de la Plata, tiene que ser la dársena del norte de este espacio económico y cultural, ha entrado como accionista en el Centro Integral de Transportes de León (Cetile). La buena relación creada con el potente sector legumbrista leonés es el primer éxito de una apertura que, a juicio de las citadas fuentes, debe ampliarse a otros segmentos empresariales. Esta estrategia de diversificación e internacionalización de El Musel será más dura de lo esperado por la crisis económica. Aun así, la dársena gijonesa logró en 2009 un crecimiento del tráfico de contenedores del 5,19 por ciento, en un año de retroceso mundial. El ejercicio fue, no obstante, malo por la fuerte caída de los graneles sólidos.