M. C.
«Ahora no me queda nada, me queda la "puta calle", como le pasó a mi hermano», se lamentaba ayer Juan José Parente Rodríguez tras ser desalojado del local que ocupaba desde hace años en la calle Óscar Olavarría, en el barrio de Cimadevilla. El hermano al que se refería era el boxeador José Antonio, que falleció el 12 de noviembre de 2008 en la calle Candás, después de haber pasado los últimos años de su vida pernoctando entre cartones en un banco de la calle Marqués de San Esteban.
Ambos hermanos habían saboreado el éxito en su juventud. El fallecido como boxeador. Juan José Parente, natural de Cancienes, como pintor e ilustrador publicitario, llegando a contar con trabajadores asalariados a su cargo, según recordaba ayer. Pero la vida dio muchas vueltas y tras emigrar a Alemania, retornar a España y otra serie de vicisitudes llegó hasta los 76 años que ahora tiene sin disponer de suficientes medios para llevar la vida con holgura.
El local de Cimadevilla no es el primero del que le desalojan desde que la separación de su mujer le obligó a abandonar el que había sido su domicilio conyugal, en el barrio de La Arena, según relata, aún alterado tras perder su último techo.
Alguna vecina de Cimadevilla le ofreció cobijo la noche de ayer, pero él prefirió intentar otra alternativa. Ni corto ni perezoso, se planteó acudir al Ayuntamiento para ver si podía conseguir «un piso de emergencia». Marcado por la experiencia de su hermano, Parente aseguraba ayer que «no pienso morir en la calle», a lo que añadía que «yo no soy un indigente ni un indeseable». Y eso que durante el último año y medio vivió sin luz en el local de la calle Óscar Olavarría mientras se dirimía el proceso judicial para desahuciarlo. Al menos no le cortaron el agua.
Accedió al local mucho antes de que hubiera problemas. Durante unos ocho años estuvo residiendo en ese bajo del barrio alto, tras haberse hecho con las llaves del local cuando se encontraba alquilado a un establecimiento hostelero ubicado frente al puerto deportivo, que lo usaba como almacén.
Como quiera que fuera la cosa, una vez que consiguió colarse en el local, permaneció en él cuando dejó de estar alquilado al establecimiento hostelero.
En la pasada Nochebuena, Juan José Parente perdió a su única compañía, a «mi hijo de perra», como ayer llamaba cariñoso al can que le había acompañado durante los últimos 14 años. El perro estaba cojo desde que hace ocho años fue golpeado cuando trataba de evitar que su dueño fuera desalojado de otro edificio.