POR TETÉ BALSEIRO
Viendo cómo transcurrió el Antroxu, no sorprende que la Sardina «Pezteban» haya muerto ayer de un infarto. Es más, algunos nos hemos salvado de un ataque cardiaco porque las tablas fiesteras que nos embargan no son de madera, sino de hormigón armado.
La vida sigue, lo cual quiere decir que hay que devolver al baúl los disfraces y demás complementos antroxeros. Un año pasa volando y las tertulias venideras sobre lo acontecido darán para mucho. Y es que lo mejor de las Carnestolendas es la sorpresa: siempre pasa algo diferente con lo que desternillarse.
Uno de esos «momentazos» del Antroxu tuvo lugar en la mítica sala de fiestas Dragón, que desde hace años celebra a bombo y platillo, de la mano de Alfonso Villalta, un concurso de disfraces que no tiene desperdicio. Los premios no son como para retirarse a vivir a una isla, pero como el caso es participar y hacer unas risas, además de llevarse unos euritos, el local lució repleto. El jurado estuvo en esta edición formado por Montse Abascal, Manu Lezcano, Luismi García, José Luis González, Jorge Lastra y Maribel del Prado, relacionados todos ellos de una manera u otra con el mundo de la hostelería. Todos ellos fueron testigos de cómo la duquesa de Alba gijonesa llamaba desesperadamente a su amado Alfonso o de la dificultad de una «güelina» para subir al escenario. Evidentemente fueron unos de los ganadores, junto con un fantástico gallo, unos chinos y unos botes de ketchup. Lo que no quedó muy claro fue la actuación «estelar» de uno de los concursantes, que ni corto ni perezoso se puso a interpretar una tonada. Así como lo leen, a viva voz. Ni que decir tiene que a esas horas daba igual bailar una tonada -lo cual rompe todos los cánones estéticos de la danza- que embarcarse en rumbas y sambas.