FRANCISCO GARCÍA
Predican sin sermones: sus palabras son hechos de labor callada pero efectiva y constante. Practican, por tanto, la catequesis de las obras. En Gijón, agustinas recoletas, carmelitas descalzas, teresianas, adoratrices, dominicas, hermanas del Ángel de la Guarda, siervas de los pobres, asuncionistas, hermanitas de los ancianos, hijas de la Caridad, siervas de Jesús, terciarias capuchinas... Son mujeres menudas que abrigan al desnudo con el bordado de la oración, que endulzan la soledad de los menesterosos; monjas que trabajan en albergues para indigentes como el Covadonga, siempre expuestas al filo de la navaja del dolor ajeno; trabajadoras a destajo que limpian las llagas de los enfermos, que tejen en las escuelas los valores del compromiso y la solidaridad, que comparten sustento con los desheredados, que son legión; mujeres capaces del milagro diario de multiplicar panes y peces. Las monjitas son instrumentos de la caridad, pequeños lápices de colores en las manos de Dios.