FRANCISCO GARCÍA
Sostiene Pedro Sanjurjo, concejal del Urbanismo (que no de la urbanidad, cometido que corresponde a otro departamento municipal aunque áreas de la misma etimología deberían gestionarse de manera unívoca), que el período de presentación de sugerencias a la revisión del Plan General de Ordenación «ha cerrado un debate sereno». Sereno, sí, porque la ciudadanía ha hecho públicas, con aplomo y con sosiego, sus consideraciones sobre el modelo de ciudad que pretenden los que gobiernan. Pero, ¿a qué debate se refiere? La participación se queda coja si su aportación a cuestiones que afectan al común de los habitantes de la urbe se limita a sugerir, a firmar en un cuaderno de quejas. En el siglo XXI, pretender la mejora social sin contar con la sociedad se antoja un discurso paternalista disfrazado de benevolencia. Pero esa manzana lleva gusano dentro. Debatir es contrastar pareceres. Si los tribunales tumbaron el urbanismo de los políticos y los técnicos, convendría la humildad de patrocinar el urbanismo de los políticos, los técnicos y los ciudadanos.