-¿Hay alguna situación, algún perfil de usuario, que les preocupe más que otras?
-Hay un grupo en concreto que va a parar al Albergue, pese a que creemos que el nuestro no es el recurso adecuado para ellos. Son las personas que nos llegan porque son dadas de alta en el hospital, tienen algún tipo de necesidad de cuidado sanitario o ya no se vale por sí misma, y ya no les quieren en la pensión o el sitio donde vivían. El Albergue no es el sitio idóneo ni puede prestar atención sanitaria porque no tenemos recursos de personal. Eso correspondería más a un centro de cuidados intermedios sanitarios, pero no existe.
-¿Y perspectiva de que exista?
-No hay mucha receptividad por parte de los servicios sanitarios. El Sespa no parece que tenga ni disponibilidad financiera ni el objetivo de hacerse cargo de la atención a estas personas. Y para nosotros son un problema, porque no les podemos dar esos cuidados.
-¿El Albergue necesita algo de la ciudad de Gijón?
-El Albergue es una entidad muy querida, muy apreciada en Gijón. Pero habría que dar el paso de valorar no sólo a la entidad, a las monjitas o al patronato, sino a las personas con las que la entidad trabaja. Querríamos que existiera una aceptación de que las personas sin hogar no están ahí porque quieren, sino fruto de una situación personal no deseada. A la gente que está en el Albergue hay que ayudarla a salir de la exclusión entre todos. Y no podemos estar haciendo un esfuerzo nosotros, los que trabamos con ellos, si luego leen en los periódicos o en las paredes: «No os queremos aquí». Para integrar a alguien en la sociedad hace falta que la gente sea receptiva.
-El piso tutelado o el taller de velas son sus mejores iniciativas hacia la integración. ¿Cómo van los dos proyectos?
-Muy bien. El piso es un proyecto muy interesante porque un Albergue sólo es una solución de emergencia cuando no hay otro recurso. El piso, sin embargo, permite un tipo de vida con mayor posibilidad de socialización, es una casa que ellos gestionan con un educador y es un paso hacia la normalización muy importante. Paso que ya ha dado algún usuario. En cuanto al taller de velas, es una gozada. Para alguien que vive en la calle, que ha llevado cantidad de tortazos, ver que hace algo útil, bonito y valorado por los demás le hace recuperar sensaciones que hace mucho que no tenía. Y, si encima se vende, es una satisfacción más; se vuelven a sentir útiles y que hacen algo de provecho.