GERÓNIMO LOZANO APOLO
CATEDRÁTICO EN LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO
El pasado 17 de enero se cumplió el vigésimo aniversario de la muerte del polifacético Juan Bautista Martínez Gemar, gran arquitecto. ¿Quién se acuerda hoy de Gemar? Seguro que su viuda, Amparo, sus hijos, su madre, su hermana, Javier Loring, Berikua, Pedro el del Corona? y algún otro amigo y contertulio de aquel entrañable bar, entre los cuales me encuentro. Otras muchas personas sin apenas conocerlo saben de sus anécdotas en forma de leyendas urbanas, alguna de las cuales ya la he oído atribuida a otra persona.
Planteo esta reflexión y recuerdo porque a finales de la década de los 50, como cronometrador del Real Automóvil Club de España, conocí a dos simpáticos orensanos, tan entusiastas del automovilismo deportivo que durante la noche del viernes viajaban a Madrid, entrenaban el recorrido del rally el sábado, corrían el domingo y esa misma tarde volvían a Orense para trabajar el lunes. Me estoy refiriendo a los hermanos Reverter.
Años después Estanislao alcanzó cierto renombre en el mundo del automovilismo deportivo, llegando a ser campeón de España de rallies, con su copiloto, el presidente del Automóvil Club de Orense, y con su vehículo, «Alpinche»; así llamado por tratarse de un Renault Alpine con motor Porsche.
El mes pasado encontré a los tres en la fachada del Gobierno Civil de Orense, centro neurálgico de la ciudad. Al tiempo que sentí una gran alegría, ellos ni se inmutaron; permanecieron impasibles, fríos, metálicos. Explicable, porque se trataba del grupo escultórico de la fotografía adjunta, en el que figuran el «Alpinche» y los citados deportistas sentados en los guardabarros. Mi satisfacción se refería al agradecimiento y recuerdo de la ciudad de Orense hacia dos de sus conciudadanos.
En Asturias tuvimos otro gran deportista del motor que participó en varias ocasiones en el Rally de Montecarlo, y en otros de menor importancia. Además de deportista fue un pintor relevante (conservo un cuadro adquirido en una de sus exposiciones), fue un gran fotógrafo (es frecuente encontrarse en bares y cafeterías con imágenes de sus safaris fotográficos), fue un adelantado de la gastronomía moderna para sus amigos, a los que invitaba en un piso reconvertido por él en cocina-comedor. Pero, sobre todo, fue un gran arquitecto; para muchos, el mejor de Asturias, junto a don Ignacio Álvarez-Castelao. Me estoy refiriendo a Juan Bautista Martínez Gemar.
Alguien dijo que fue bueno con todo el mundo. Y como muestra, amén de otras muchas, el pub que con su iniciativa y diseño le abrió, conjuntamente con otros contertulios del antiguo Corona, a Manolo García, «Garción».
Como dije anteriormente, el pasado 17 de enero se cumplió el vigésimo aniversario de su muerte. ¿Quién se acuerda hoy de Gemar? Entiendo que si Orense recuerda e inmortaliza a Estanislao Reverter, los gijoneses deberíamos hacer lo propio con Juan Bautista. Si no con un grupo escultórico, o con su imagen sentado en Casa Víctor, de la que era asiduo, al menos con una placa en alguno de sus grandes edificios que, al igual que otras obras de arte, se cotizan más por ser de un determinado artista.
Espero que estas líneas no lleguen al alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, porque entonces es probable que un buen día los gijoneses nos encontremos con la figura de Juan Gemar en el extremo de la barra de una cafetería de Oviedo, al igual que aparece Hemingway, mojito en mano, en el Floridita de La Habana.