FRANCISCO GARCÍA
Gijón es una de las ciudades que celebran hoy el «Día internacional del implante coclear», técnica quirúrgica que permite la audición a personas aquejadas de una sordera profunda. Durante muchos años, Beethoven vivió encerrado, hostil y huraño, al refugio de su sordera. El origen de su aislamiento se encontraba en la angustia de la imposibilidad de oír. El músico explica el dolor de ese apartamiento del mundo en su «Testamento de Heiligenstädter»: «No me es dado disfrutar del recreo en la sociedad humana, ni de las delicadas conversaciones, ni de los afectos mutuos. Debo vivir como un proscrito; si me acerco a un grupo me invade una gran angustia temiendo que adviertan mi estado». Tal vez algunas carencias sensoriales conducen sin remedio a la misantropía, o tal vez sea la incomprensión de los demás lo que empuja a esas personas al silencio de las tinieblas. Buen día, pues, para prestar atención a la profecía de Isaías: «Se despegarán los ojos del ciego; los oídos del sordo abrirán».