A. R.
Enrique Faes Fernández no hace más que revivir su último encuentro con Juan Carlos Roces, el infortunado hostelero que fue asesinado el jueves en su cervecería del barrio de La Arena. Allí, delante de la puerta del local, asegura que le vio la misma tarde de su muerte. «Yo pasaba por la calle Ezcurdia y le vi a la puerta de su cervecería. Le pregunté que cómo estaba, cómo le iba y si seguía con el tema de los bocadillos. Es que solía hacer bocadillos y vendérselos a las chicas de algunos de los locales de alterne de por allí», cuenta Faes. Calcula que era hacia las 18.00 horas cuando le vio, aunque ese testimonio difiere de la hipótesis que se maneja y que podría situar la muerte del hostelero algunas horas antes. En todo caso, lo que Faes sí que apreció fue que «Juan Carlos estaba algo nervioso. Lo encontré algo raro, mirando hacia los lados como si esperara a alguien. Pero nuestro encuentro fue muy breve, no duró más allá de unos minutos y seguí mi ruta», sostiene.
Faes conocía al difunto desde hace «diez o quince años, primero porque yo paraba por el bar La Cueva, que era de su socio, y luego porque de vez en cuando entraba en el Carvi». De todo ese tiempo le queda la imagen de «un chaval formal, que nunca se metía con nadie; tanto él como su compañera, Carmen, eran buena gente y nunca les vi faltar a nadie». Por eso mismo, lo sucedido «me dejó muy impresionado. Quedé de hielo cuando lo leí en el periódico, a las siete de la mañana del día siguiente. No me lo podía creer, y menos habiéndole visto el día antes. Son esas cosas que tiene el destino», insiste Enrique Faes. Como muchos otros de sus clientes, el gijonés reconoce que aunque la cervecería «había cambiado algo con el giro de los últimos tiempos», la cordialidad del dueño nunca varió demasiado.