CARLOS JOSÉ MARTÍNEZ
Ayer disfrutábamos de un arranque espectacular. Insistíamos en las palabras de Requeijo, directora artística de estos Encuentros de Música Contemporánea, auténtica fiesta para los sentidos, referentes indiscutibles en un Norte que parece no terminar de encontrar su norte natural y que en estos intérpretes, obras y propuestas, pone rumbo firme hacia la significación sin medias tintas.
En programa, dos obras. «Paesaggio di luna Fredda», para los versos homónimos de Carmen Yáñez, obra de quien les escribe de cuando en cuando, y que a buen seguro alguien podrá dar cuenta a su debido tiempo. Y las «Folk Songs» del italiano Luciano Berio, incombustible compositor, icono de la modernidad inspirada en la tradición y siempre inquieto investigador dado a la recuperación, a salvaguardar lo patrimonial, en definitiva un artesano que marcó un antes y un después en toda una generación de jóvenes intérpretes y traductores.
Escrita en 1964 para su esposa, Cathy Barberian, soprano icono del siglo XX, comprometida con los nuevos lenguajes y la nueva creación, son una suerte de canciones recuperadas, recogidas con mimo y felizmente adornadas para regocijo de todos. Delicadas, hondas, serias, profundas y conmovedoras, sostienen el peso de la tradición y coquetean con un lenguaje para nada rupturista, aunque conciliador con los dos estilos, el nuevo que habría de abrir camino, y el antiguo o viejo, escolástico y lleno de significación y con cierto poso añejo sobre el que seguir descubriendo y aprendiendo.
De las tres posibles versiones, hemos escuchado la de guitarra, viola, cello, flauta, clarinete y dos percusionistas. Un tejido colorista para una atmósfera íntima y tan personal como universal. El discurso sereno y mistérico de alguno de sus números, enfrentado a la liturgia rítmica de los sones del Este. La calidez de la música siciliana y la belleza incomparable de los modos armenios.
Miguel Borrego, a la viola, y José Miguel Gómez, cello, enfrentados a la sutileza tímbrica del clarinete de Carlos Gálvez -de nuevo solvente y brillante- y la flauta de Miguel Ángel Angulo, junto a Avelina Vidal, guitarra -certera e igualmente solvente-, al tiempo que Juanjo Guillém y Armando Lorente hacían las veces de percusionistas justos y discretamente en su sitio. La versión del «Ensemble Residencias», marca de un nivel incomparable, ha sido realmente vistosa, preciosista y bien armada. La consistencia de Borrego, la sobriedad de José Miguel Gómez, siempre serio, siempre atento, siempre... junto al fraseo limpio y claro de Gálvez hicieron las delicias de cuantos se acercaron y reconocieron en el empeño algo más que belleza.
Pero sería Alda Caiello la auténtica protagonista de una velada única. Un ángel con unas posibilidades expresivas sobresalientes, un color único, una dicción perfecta y un sentido musical extraordinario. Sencillez unida a inteligencia, maneras y miradas cómplices para articular una pieza singular y compleja en su extrema sencillez. Alda ha estado sencilla y llanamente soberbia. Una lección de madurez personal y musical junto a unos compañeros de lujo que tan bien han acompañado y matizado cada insinuación de la italiana.
Aún nos resta una jornada. «Kontakte de Stockhausen» cierra la primera semana. Una pieza nuclear para entender el lenguaje que abre un período nuevo en la historia de la música. Juan Carlos Garvayo, piano; Juanjo Guillém, percusión, y Bryan Wolf, en la técnica, ofrecerán hoy, a las ocho de la tarde, en el auditorio Príncipe Felipe una versión histórica: el que fuera asistente de Stockhausen durante diez años hará de cicerone en esta interpretación.
Lo que bien empieza, mejor termina. Nos sentimos orgullosos y no podemos sino felicitarnos por el empeño y la participación, por los resultados y la complicidad del público asistente. Algo que no se puede perder. De corazón. En buena hora.