M. CASTRO / E. MÉNDEZ
La alevosía con la que se empleó el asesino de Juan Carlos Roces Gómez sólo es equiparable a su ensañamiento. El criminal que el jueves acabó con la vida del hostelero, dueño de la cervecería Carvi, en el barrio de La Arena, le atacó por la espalda y lo remató cuando cayó al suelo. En total le asestó 18 puñaladas, dos de ellas mortales, sin darle una oportunidad real de defenderse, más allá de la de cubrirse el cuello con las manos. Todo apunta a que el autor tenía un trato cercano con la víctima, que supuestamente abrió a su verdugo la puerta del local, ubicado en el número 51 de la calle Ezcurdia, cuando estaba cerrado al público, en la tarde del pasado jueves.
Según los resultados de la autopsia, el crimen pudo haberse cometido entre las doce del mediodía y las cuatro de la tarde. Sorprendida por la espalda y desprevenida, la víctima apenas pudo oponer resistencia. Sólo le dio tiempo a cubrirse el cuello con una mano, que acabó atravesada con una de las puñaladas. Buena parte de éstas las recibió supuestamente después de haberse desplomado. Uno de los navajazos le atravesó el cuello y otro, también propinado desde atrás, le seccionó la yugular.
El cadáver de Juan Carlos Roces fue encontrado el pasado jueves a las siete de la tarde por uno de los camareros del local, Javier Martín, quien indicó a este periódico que lo había dejado en el establecimiento a las diez y media de la mañana. El otro camarero es uno de los hijos de la actual pareja sentimental de la víctima, que se mostró visiblemente conmocionado por el trágico suceso.
El cuerpo sin vida del hostelero estaba boca abajo, detrás de la barra y con sangre seca alrededor. Según parece, llevaba varias horas muerto. Una de las últimas personas que lo vieron con vida fue un hombre sin identificar que estaba con él en el interior del local alrededor del mediodía. El bar, que tiene un horario nocturno, se encontraba entonces cerrado al público, pero el hostelero se había quedado en el interior del mismo, en vez de regresar a su casa. De hecho, llegó a hablar por teléfono esa mañana con su compañera sentimental para disculparse por no haber ido a dormir, y le pasó el teléfono a otro hombre para que también hablara con su compañera.
Ayer, antes de que el cuerpo de Juan Carlos Roces fuera trasladado a la iglesia parroquial de Ciaño para su funeral y posterior entierro, un reducido grupo de familiares y amigos lo veló en la sala número 12 del tanatorio de Gijón. Entre ellos se encontraba la pareja sentimental del hostelero, María del Carmen Rodríguez, con la que vivía en un piso de Montevil, y los dos hijos de ésta, Aitor y Amaya Rodríguez, visiblemente emocionados. Todos viajaron luego junto al cadáver hasta Langreo, a primera hora de la tarde, donde asistieron a la misa funeral.