C. JIMÉNEZ
En 2030, el 60 por ciento de la población mundial residirá en las ciudades. Ante esta realidad demográfica, ciudades de tamaño medio como Gijón se enfrentan al reto de impulsar una estrategia de desarrollo urbano basada en criterios de sostenibilidad para dar cumplimiento a los objetivos del Protocolo de Kioto. Tomando como modelo Gijón, la empresa Siemens ha preparado una batería de propuestas que responden a las necesidades presentes y futuras de municipios de tamaño medio que en dos décadas deberán ofrecer a sus vecinos infraestructuras que garanticen la calidad de vida, la competitividad económica y la sostenibilidad del territorio basándose en la tecnología más vanguardista.
El esqueleto de la ciudad que verán los gijoneses de 2030 incluye sistemas avanzados de control de tráfico y logística en la zona portuaria, un proyecto de electrificación ferroviaria que permite que los tranvías circulen por la ciudad sin catenarias, y también edificios administrativos inteligentes con sistemas de optimización energética, servicios sanitarios apoyados en las prestaciones que ofrecen las nuevas tecnologías y fábricas digitales. El objetivo final es lograr un mayor confort de los ciudadanos, al tiempo que se reducen las emisiones de CO2 y los ruidos, mejorar la calidad de vida de la gente y propiciar el desarrollo de sistemas energéticos más respetuosos con el medio ambiente.
Con las energías limpias tiene mucho que ver el laboratorio eólico marino que previsiblemente se instalará frente a las costas gijonesas. Una iniciativa de la Universidad de Oviedo en colaboración con medio centenar de entidades públicas y privadas que Siemens recoge en su propuesta tecnológica para el Gijón de 2030. La multinacional alemana, con experiencia en la construcción de aerogeneradores flotantes, estaría interesada en participar de la concesión de un futuro parque eólico en El Musel y también en importar el sistema «siplink», experimentado en Lubeck (Alemania), que permite vincular las redes eléctricas terrestres con las de los buques para lograr un puerto con menos emisiones.
El transporte público es una de las patas fundamentales del Gijón de 2030, con autobuses híbridos, que reducen los consumos en un 40% y la contaminación acústica en un 50%.
La llegada de la Alta Velocidad a la ciudad también generará un importante ahorro en la «factura» energética, estiman los responsables de la multinacional. En 500 kilómetros un tren pone 7 kilogramos de CO2 en la atmósfera, frente a los 70 de un avión. ¿Su propuesta? Un metro con motores ecológicos y sin conductor, que permite un servicio permanente los siete días de la semana durante 24 horas. En superficie, los tranvías sin catenaria, como los que Siemens ha desarrollado para Lisboa, suponen una reducción del consumo de energía del 30% y de las emisiones de CO2 en un 80%. Los trenes recargan en las paradas y aprovechan la energía generada en las frenadas.
Para las empresas, la monitorización de los distintos procesos industriales permite reducir los costes de fabricación hasta un 20% y los tiempos hasta un 60%. Y en el capítulo de instalaciones deportivas y de ocio de la ciudad, el sueño tecnológico de Siemens pasa por la creación de un área de recarga de vehículos eléctricos en el entorno de El Molinón.
En el hipotético caso de que la alcaldesa Paz Fernández Felgueroso contase con un presupuesto ilimitado y unas ganas locas de incorporar el último grito en tecnología, la introducción de todos estos sistemas avanzados permitiría un ahorro aproximado de 5,3 millones de euros en costes energéticos, según Siemens. A la repercusión sobre la economía local se suma una notable mejora de la calidad de vida de los ciudadanos. Ésa es la receta de la multinacional alemana para el Gijón de 2030.