R. GARCÍA
A Roberto Suárez le han pasado curiosos sucedidos en los dos años que lleva al frente de la cafetería Ordoño II, situada en la confluencia entre las calles Marqués de Casa Valdés y Menéndez Pelayo. Pero lo del pasado domingo, como él mismo dice, fue «increíble». Una clienta se dejó olvidado en su bar un bolso en el que había un sobre con 2.120 euros. Suárez los encontró y los devolvió: «El dinero me quemaba en las manos porque no era mío, hice lo que tenía que hacer», explicó ayer este hostelero.
La historia comenzó el domingo alrededor de las siete de la tarde. La escena entonces era la «típica de cuando juega el Sporting»: la cafetería estaba llena de clientes. Sentados en la mesa más cercana a la puerta, un hombre y una mujer consumían dos cañas. «Al poco rato de que las pidieran, me avisó una de las camareras de que se habían ido y las consumiciones estaban a la mitad. Me preguntó si las quitaba y yo le dije que no, que igual volvían», relata Suárez.
Pero el tiempo pasaba y no aparecía nadie. El dueño del bar llegó incluso a mirar dentro del baño, sin éxito. «Había una puerta cerrada y decidí esperar por si era la mujer la que estaba en el servicio, pero cuando salió la mujer ya vi que no era ella», explica Suárez. Fue entonces cuando la camarera recogió la mesa y dio la voz de alarma: se habían dejado un bolso.
Roberto Suárez lo recogió y lo metió detrás de la barra. «Mi primera intención fue guardarlo, que es lo que hago habitualmente cuando un cliente pierde algo», relata el hostelero, «pero luego lo pensé mejor. No quería tener líos con el dinero que pudiera faltar porque el bolso llevaba tres horas en la silla y decidí abrirlo en presencia de cuatro clientes habituales, que me sirvieron de testigos. Además quería ver si había algún tipo de documentación para poder devolverlo». Suárez empezó a extraer lo que había dentro del bolso -unas gafas de sol baratas, una barra de labios y unos guantes- hasta que se percató de que en uno de los bolsillos había algo que parecían papeles. Suárez creyó entonces que había encontrado la documentación, pero se llevó una sorpresa: había 2.120 euros en varios fajos de 100.
«Me di cuenta de que la cosa era grave y llamé a la Policía». Un par de agentes se personaron en el local y se llevaron el bolso a la Comisaría. Poco después la mujer volvió al bar «asustada». El hostelero le dijo entonces que sus pertenencias estaban ya en dependencias policiales: «La señora no sabía ni cuánto dinero tenía, porque me dijo que habría en torno a 1.000 euros, así que la mandé para la Comisaría».
La Policía reclamó la presencia de Suárez para comprobar la identidad de la demandante, que se había percatado de la ausencia del bolso cuando iba a pagar la cena en un restaurante cercano. Y que gracias a este hostelero pudo dormir sin el disgusto de haber perdido «una pasta».