FRANCISCO GARCÍA
Medio centenar de perros recogidos del abandono a su suerte en Gijón y en Langreo disfrutan ya de nuevo amo y de condumio en Holanda. De manera que el holandés se antoja el mejor amigo del perro asturiano en adopción. No es falsa la leyenda que atribuye fidelidad hasta la tumba de un can a su dueño. De niño vi enterrar en mi pueblo a un viejo que pasaba los días rasgando el pandero al lado de un ejemplar sarnoso que servía de escarnio a las trastadas de la chavalería. Muerto el amo, el animal acompañó al cortejo mortuorio desde la lúgubre choza de adobe al cementerio, aullando, a cada paso del cortejo, fúnebres ladridos lastimeros. «Aquí reposan los restos de un ser que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad y todas las virtudes de un hombre sin sus vicios», reza el epitafio dedicado por un poeta a un cánido: a «Boatswain», el fiel terranova de Byron. Cuanto más conocemos a los humanos, mayor admiración llegan a causarnos las bestias.