Ahora, con «tiempo y rehabilitación» las cosas van a ir a mejor. La madre de Eva Calvo está convencida, a pesar de todas las adversidades que ha vivido su hija. Ángeles Arango cree que sus ganas «de salir adelante» obrarán el milagro. «Seguro que con tiempo todo va a ir a mejor y seguro que ella vuelve a trabajar. El miedo inicial que tenía de quedarse en una silla de ruedas ya se le ha pasado». Eva María llegó a pensar que el atropello le había costado la vida, «porque en aquel momento no podía respirar», explica su madre. «Pasaron pocos segundos. Tenía los oídos taponados y no podía ni moverse tras el atropello, pero de pronto gritó con todas sus fuerzas, y eso hizo que se le abrieran los pulmones y pudiera volver a respirar».
Ángeles Arango no puede quitarse de la cabeza lo sucedido, ni dejar de pensar que pudo perder a su hija sobre aquella acera de Pumarín. En su pensamiento da vueltas y vueltas la última frase que pronunció su hija antes del brutal choque. «Míralu, míralu, esi conductor va a dásela». Eva Calvo fue trasladada tras el accidente al Hospital de Cabueñes con heridas graves. Los facultativos del SAMU la desviaron, tras un primer examen, a la unidad de cuidados intermedios del Hospital Universitario Central de Asturias, donde permanece.
En el trágico accidente de la avenida Gaspar García Laviana dos septuagenarias de Pumarín perdieron la vida: María Isabel Sánchez Friera, de 71 años, y María del Carmen Carnicero Díez, de 74. Los familiares de la primera de las fallecidas se reunirán hoy, a las doce del mediodía, en la celebración de la palabra que tendrá lugar en el Tanatorio Gijón-Cabueñes. El funeral por el eterno descanso de Carmina tendrá lugar a las seis de la tarde en la iglesia de San Lorenzo.