R. GARCÍA / E. MÉNDEZ
«Hubo un accidente y mi papá me salvó la vida». Así relataba ayer a sus compañeros de clase la pequeña Carmen, de 5 años, la tragedia que costó la vida a dos mujeres en Pumarín y que pasó a su lado. Todo ocurrió, tal como contó ayer la niña en el colegio, a las cinco y cuarto de la tarde del pasado lunes, apenas cinco minutos después de finalizar su clase de inglés de los lunes. Su padre, Emilio, pleno de reflejos, la había salvado del terrible accidente que tuvo lugar en la confluencia entre la calle Cataluña y la avenida Gaspar García Laviana después de que una furgoneta invadiera la acera y se cobrara la vida de dos mujeres, de 71 y 74 años. «Sentí como si me hubiera pasado un tren por delante», le dijo Emilio a su mujer, minutos después del terrible suceso.
La del lunes parecía una tarde normal para esta joven familia gijonesa. Emilio fue a recoger a su hija a la salida de la clase particular de inglés con el ánimo de acompañarla a a la zapatillería familiar, en donde la madre de la niña aguardaba junto a su otro hijo, un bebé de ocho meses. Una vez juntos, habían previsto dar un paseo.
Pero Emilio se retrasó. Alrededor de las cinco y cuarto de la tarde se disponía a cruzar el paso de peatones de la avenida Gaspar García Laviana. La pequeña Carmen jugaba con su padre en la acera, esperando a que el semáforo se pusiera en verde: «Mira como hago patadas de kárate», dijo la niña a su progenitor. El padre, previsor, apartó a la niña del filo de la calzada. Fue entonces cuando ambos se situaron detrás de Isabel Sánchez y María del Carmen Carnicero, las dos septuagenarias que fallecerían pocos minutos después. «Una de las mujeres se puso a tocarle el pelo a la niña sonriendo» , rememoró ayer Emilio. Entonces sobrevino la tragedia. La mujer no pudo ni siquiera darse la vuelta para ver venir la furgoneta, que la lanzó por los aires.
El vehículo, conducido por un joven, perdió el control e invadió la acera. «Sentí un fuerte golpe, como cuando está pasando un tren delante tuyo y cogí a la niña. Me caí para atrás y la sujete fuerte», según relató después Emilio a su mujer. La fuerza con la que la furgoneta irrumpió en la acera llegó incluso a desplazarlos varios metros. Cuando Emilio consiguió levantar la cabeza, la escena que contempló le pareció dantesca. A sus pies se encontraba el cadáver de una de las mujeres; unos metros más allá yacían las otras dos víctimas del trágico accidente, una de ellas completamente inerte. Carmen empezó a llorar nerviosa y entre sollozos pidió a su padre que abandonaran el lugar. Minutos después el grito de las sirenas inundó la zona, tanto que a Emilio le costó trabajo oír que sonaba su teléfono móvil. Era su mujer, Teresa, que aún ayer por la tarde se emocionaba a la hora de relatar lo que su marido y su hija tuvieron que vivir, a un metro de la tragedia: «Yo vi pasar muchas ambulancias y supuse que tanto mi marido como la niña se habían quedado en la zona para ver qué pasaba. Después, cuando me lo contó todo, me dio un vuelco al corazón», explica esta mujer.
Emilio y Carmen recogieron al pequeño bebé de ocho meses y regresaron a casa. El lunes no hubo paseo familiar. Las circunstancias no invitaban al ocio. «La niña se pasó todo el día preguntando si había muerto alguien e insistiendo en qué tal estarían las señoras», recordaba ayer la madre de la pequeña, para añadir después que «fue brutal, mi marido dice que difícilmente va a olvidar la imagen que vio allí». A pesar de lo vivido, Emilio llamó a la Policía unas horas después. «No he visto nada», aseguró a los agentes, «pero estaba allí y quiero que cuenten con mi testimonio por si pudiera ser necesario para la investigación». Dicho y hecho. Emilio declaró ayer en la Comisaría de Policía.