R. GARCÍA
A Eva Calvo, la joven de 32 años que resultó herida en el atropello del lunes, le persigue la tragedia. Esta mujer, vecina de la calle Río Eo del barrio de Pumarín, iba a rehabilitación a una clínica de fisioterapia del centro de la ciudad cuando sobrevino el atropello. Estaba recuperándose de una lesión provocada por una colisión de turismos. Hace unos días un coche golpeó por detrás al vehículo en el que viajaba, produciéndole varias lesiones que la mantenían alejada de su trabajo en una empresa informática de Avilés.
La desgracia se cernió por primera vez sobre esta joven en el año 2003. Otro accidente de tráfico sesgó entonces la vida del que por aquel entonces era su novio, según ha podido saber este periódico.
«Eva ha contado que lo vio venir, que cuando estaba esperando en la acera vio cómo el conductor de la furgoneta perdía el control del vehículo y se dirigía hacia ella, pero que no tuvo tiempo de reaccionar», cuenta Ángeles Arango, la madre de la joven accidentada que permanece ingresada en Oviedo. Eva Calvo esperaba en el paso de peatones de la avenida Gaspar García Laviana, al lado de las otras víctimas, cuando la furgoneta se le echó encima. «En principio ella pensó que se moría, porque la furgoneta la arrastró varios metros; pero luego en el Hospital nos han tranquilizado mucho cuando los médicos nos han dicho que no tiene órganos afectados», explica la madre.
A pesar de que evoluciona «favorablemente», Eva María presenta importantes fracturas en distintas zonas de su cuerpo. Unas lesiones que, «afortunadamente, no han causado ningún mal a sus órganos vitales», según su madre. Desde que tuvo lugar el accidente, la joven permanece en la unidad de cuidados intermedios del Hospital Universitario Central de Asturias. Los médicos de urgencias la derivaron a este centro al comprobar la gravedad de sus lesiones.
Pasa a la página siguiente