ANTONIO ESPAÑA
Jesuita, coordinador de los centros de la Compañía
J. MORÁN
Antonio José España Sánchez, jesuita madrileño de 43 años, es desde comienzos de curso el representante de la Compañía de Jesús en los tres centros educativos de Asturias (Colegio de San Ignacio, en Oviedo, y Fundación Revillagigedo e Inmaculada, en Gijón).
-¿En qué consiste su función?
-Coordinación, o supervisión, de los tres centros; cada uno tiene su director y cada semana me veo con ellos y asisto a las reuniones de los equipos directivos. Planificamos conjuntamente.
-¿Por qué se ha dedicado a la educación?
-Al acabar Teología en EE UU el provincial me pide que haga un máster en Educación. Me admiten en Harvard y lo curso, para volver después a España. Hice ese máster por obediencia, porque al ingresar en la Compañía no pensaba en dedicarme a la enseñanza, pero el provincial insistió en que lo mejor para mí eran los colegios, por mi modo de ser. Pero fue de los mandatos que más me han costado. Durante el máster me fui poco a poco reconciliando con la idea; evidentemente no he venido aquí para hacer mi propia carrera, aunque me veía más en trabajos de pastoral universitaria o en los Ejercicios Espirituales.
-¿Como comienza?
-En el año 2000 me destinan al colegio del Recuerdo, en Madrid, como jefe de formación y prefecto de disciplina. Los primeros años fueron duros, porque venía de una situación privilegiada de estudios y en otras actividades en EE UU, como la de capellán en una cárcel o trabajando en una parroquia al sur de Boston. Meterme en un colegio tan grande como el Recuerdo, con 2.400 alumnos, me costó. Además, mi trabajo consistió en recolocar las cuestiones de formación en valores y disciplina. Dediqué tres años a elaborar un reglamento, a establecer normas y a crear equipos que vivan a gusto la toma de decisiones.
-¿Por qué esa labor?
-La educación en España ha sufrido un vaciamiento de valores, civismo y disciplina. Las leyes educativas han sido, y siguen siendo, problemáticas; llevamos ya cuatro leyes orgánicas y desde la LOGSE se produjo ese vacío. Se introdujeron elementos casi judiciales en la vida de un colegio, que es una estructura que está para otra cosa. Creo que hay que defender los derechos de los alumnos, pero luego no puede suceder que sea imposible establecer unos valores que se amparen y se respeten. Tras los primeros años en el colegio del Recuerdo, estuve un año entre Salamanca y un campo de refugiados en África. A la vuelta creí que me iban a destinar fuera de Madrid, pero volví al Recuerdo. En esa segunda etapa ya estaba al frente del colegio Isidro González Modroño, un gran director, que fue rector de la Inmaculada. En los últimos cinco años he estado haciendo el mismo trabajo, pero cuando tienes un buen jefe haces el doble y no te das cuenta.
-Llegada a Asturias.
-En agosto de 2009, para sustituir el padre Baizán en la coordinación de los centros. También me destinan como superior de la residencia de Oviedo, que es ahora una comunidad joven, en la que hay tres jesuitas mayores que yo y cuatro más jóvenes, incluidos dos maestrillos. La idea es que una comunidad joven puede potenciar la pastoral universitaria y vocacional. De Asturias han salido muchas vocaciones a la Compañía y creo que pueden seguir saliendo de nuestros colegios.
-¿Movilización de la enseñanza concertada en Asturias?
-En comparación con Madrid, aquí hay una presión mayor sobre la concertada, y eso que salimos más baratos que la pública. Por ejemplo, la ratio de profesor por unidad en la concertada es muy inferior a la pública. Tenemos un profesor por unidad en Infantil; 1,17 en Primaria, y de 1,30 y pico en Secundaria y Bachillerato. Pero en la enseñanza pública está por encima de 1,7; o sea, que pueden tener hasta dos profesores por hora de clase, lo cual les permite desdoblar grupos, por ejemplo. Pero lo más sangrante en la concertada es cuando tenemos alumnos con necesidades educativas especiales y nos adjudican para ellos una hora exacta, cuando precisamente son alumno que van a necesitar más horas de refuerzo. Y cada vez hay más alumnos de estas características.
-Se acusa a los colegios concertados de tener pocos alumnos con necesidades especiales; o pocos alumnos de integración.
-Hay pocos, eso es verdad, pero hemos ido cambiando poco a poco y las necesidades educativas especiales o los alumnos en diversificación han ido aumentando en nuestros centros. Es verdad que el tipo de población que pide nuestros colegios, sobre todo el San Ignacio y la Inmaculada, son familias motivadas por la educación católica. Pero ha ido creciendo el número de otros alumnos y hemos ido dando respuesta a estos chicos y chicas. De hecho, en la Fundación Revillagigedo tenemos alumnos en el Programa de Capacitación Profesional Integral y ahí el Principado nos está dando más cancha, y nosotros lo queremos. Eso sí, el sistema de conciertos te pone los profesores y en la partida de otros gastos sólo te da un 20 por ciento. Estamos hablando de luz, limpieza, mantenimiento de los centros, pero también de actividades complementarias, o de pastoral, en nuestro caso.
-¿Es justa la protesta de los sindicatos de la concertada?
-Hubo una larga negociación con un acuerdo de mínimos por parte del Principado. Se iba a incrementar la ratio de profesores, pero el Principado se ha echado atrás y dice que no hay dinero. Necesitamos más profesorado en Infantil y Primaria, que permita desdoblar grupos o lo que sea necesario, teniendo además en cuenta que en esos niveles estamos al máximo, con 25 alumnos por aula.
-¿Impresiones sobre el nuevo arzobispo, Jesús Sanz Montes?
-Muy buenas; estamos a la espera de ver los movimientos en la diócesis, pero ahora mismo la impresión es buena. Su homilía el día de toma de posesión fue bastante buena y luego su primera actuación pública ha sido en torno a la Ley del Aborto. Evidentemente es necesario que haya una voz pública de la Iglesia contraria a esta Ley. Por otra parte, Sanz Montes ha aceptado nuestra invitación para dar una conferencia el próximo día 9 de abril sobre el Padre Hoyos, un jesuita que murió en 1735 y que será beatificado en Valladolid el 18 de abril.
-¿Quién es el padre Hoyos?
-Muere con 24 años, pero pese al poco tiempo que tuvo pone en marcha el movimiento de la devoción al Sagrado Corazón en España, que se extiende rápidamente mediante grupos de Apostolado de la Oración. En Asturias no estuvo, peor fue uno de los lugares donde el efecto de esta devoción fue más fuerte. Antes de la disolución de la Compañía en 1773 había más de cien grupos de oración en Asturias. Nuestra iglesia en Oviedo está dedicada al Sagrado Corazón y en el Naranco hay un monumento que promovió el padre Vilariño. La espiritualidad del Sagrado Corazón tiene su raíz en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, que pretenden ir a los afectos de las personas, al conocimiento interno del Señor, a vincularse personalmente con Cristo.
-Además de Hoyos, ¿a qué jesuitas beatificaría usted?
-Al padre Arrupe. Es un hombre que ha dejado huella con su espiritualidad y su apertura al mundo, con su experiencia de la bomba atómica. Es de los grandes del siglo XX.
-Se ha reavivado el problema de los abusos del clero católico. ¿Su experiencia en EE UU?
-Cuando yo estuve allí el problema estaba latente, aunque estalló después. Tenemos por un lado las situaciones de poder de personas enfermas y con mala intención, que pueden causar un daño terrible. La Iglesia es consciente de que hay que tratar a las personas que han cometido los abusos, pero, sobre todo, ayudar a la víctima, que es el centro de la cuestión, porque las huellas de un abuso afectan fuertemente a la estructura de la persona. La Iglesia no debe tolerar esto y hemos cometido grandes errores. En EE UU todo esto se ha vivido. Es una cultura anglosajona, de menor expresión afectiva, y por tanto, en ciertos aspectos, con un índice mayor de represión. Allí las normas eran muy claras y lo que yo he aprendido es a buscar siempre la mayor trasparencia: ni tolerarlo, ni ser ambiguo con ello, ni permitir situaciones de ambigüedad. Los párrocos con los que trabajé indicaban que no se besase a los niños pequeños hasta que la familia no te diera su confianza, o que las conversaciones con jóvenes o menores se realizaran en dependencias transparentes, dejando que la persona decida si la puerta se cierra o queda abierta. Es decir, que en ningún momento se dé una situación de intimidación. Creo que eso es sano. Un sacerdote es una persona pública, que viene para ayudar, y no puedo vivir con miedos cada vez que me acerco a un menor, pero por otro lado tengo que ser enormemente sensato y transparente. Un sacerdote puede sentir gran cariño por las personas a las que se dedica, pero nunca puede tener intenciones torcidas. Eso no te quita de dar un abrazo a un chico o a una chica; lo que pasa es que si el abrazo está en su sitio, ni el chico ni la chica notan nada ambiguo en esa relación.
-¿Perspectivas de la Compañía en Asturias?
-La coordinación de centros nos va a ayudar a administrar nuestras energías. La Red Ignaciana de Asturias nos tiene constantemente vinculados gracias a Chema Cabezudo. Hemos de integrar más la labor social en los colegios, divulgar más la espiritualidad ignaciana en Asturias y dedicarnos más a la atención familiar, con el Centro de Atención Integral a la Familia que comenzó en el Natahoyo hace dos años, ya sea mediante talleres de padres o involucrándoles en un tipo de promoción positiva de la familia. Hay discursos más defensivos de la familia, pero yo creo que hemos de atender a las familias que necesitan más ayuda.
-Asturias, tierra secularizada.
-Se dice que Asturias es un poco más secular que otras regiones. La secularización es un desafío; es como una tierra media, donde muchos no son de un lado ni del otro, ni de la antirreligiosidad ni de lo contrario. Para mí, la mayor preocupación ahora no es tanto entrar en un discurso público sobre la religión, sino en cómo tratar esa tierra media, de nadie. En el discurso público está la jerarquía de la iglesia, pero además hay que tejer una religiosidad y una pertenencia a la Iglesia más básica.
Antonio España Sánchez
Madrileño, 43 años. Estudia en los Agustinos de Chamartín y en el Instituto Ramiro de Maeztu. Ingresa en los Jesuitas en 1984. Hace el noviciado en Sevilla y estudia dos años de Filosofía. Se licencia en Historia en la Autónoma de Madrid. Estudia Teología en la Universidad de Comillas (Madrid) y en el Teologado de Weston, Boston (EE UU). Realiza un máster en Educación en la Universidad de Harward. En 2000 es destinado al colegio Nuestra Señora del Recuerdo, en Chamartín (Madrid), como jefe de formación y prefecto de disciplina. En agosto de 2009 llega a Asturias.
«Asturias fue uno de los lugares donde más se extendió la devoción al Sagrado Corazón»
«Beatificaría al padre Arrupe, ha dejado huella con su apertura al mundo y es de los grandes del siglo XX»