Eloy MÉNDEZ
«Este radar debe ser el que más recauda de todo Gijón, porque aquí casi nadie circula a cincuenta kilómetros por hora». Agustín García, vecino de El Natahoyo, está cansado de las continuas infracciones de los conductores que pasan por la avenida de Juan Carlos I. «Esta vía es un peligro en mitad de una zona muy poblada», asegura junto a un paso de peatones situado a escasos metros del Instituto Emilio Alarcos, mientras los alumnos se abalanzan sobre el asfalto. «Cualquier día ocurre una desgracia», advierte. Una predicción pesimista que comparten muchos peatones de la zona y que ya ha motivado varias quejas vecinales ante los responsables de la ordenación del tráfico en la ciudad.
El tono de la polémica se ha elevado tras el trágico atropello de Pumarín de hace un par de semanas, en el que murieron dos mujeres y otra resultó herida de gravedad. «Creo que hace falta un mayor control por parte de las autoridades», relata Pilar González, que vive cerca de la plaza de la Ciudad de La Habana, en Moreda, y que asegura haber contemplado cuatro accidentes delante de su portal en apenas año y medio. «Algo habrá que hacer porque esto no es un circuito de carreras», añade, tras denunciar que los efectos de los radares apenas se notan. «Como están señalizados, mucha gente frena cuando llega a uno y vuelve a acelerar en cuanto lo pasa», denuncia. Sobre los semáforos, más de lo mismo. «Simplemente hay muchos que no les hacen ni caso», concluye justo en el momento en que un conductor se salta a la torera la señal en rojo de uno de ellos.
El tema sobre la seguridad vial en Juan Carlos I fue el eje central de la última asamblea vecinal en El Natahoyo. «No sólo es la velocidad, muchos conductores se saltan a la torera la prohibición de hacer algunos giros», denuncia el presidente de la Asociación «Atalía», Álvaro Tuero. Por este motivo, hace tiempo que decidió transmitir al Ayuntamiento la necesidad de mejorar la vigilancia en la zona. «Nos gustaría que se tomaran medidas para evitar que, continuamente, se cometan infracciones», asegura tras comentar que «de momento no hemos recibido ninguna propuesta para frenar este asunto».
Especialmente sangrante es la situación en la intersección con el Camino del Cortijo. «Los giros a la izquierda están prohibidos, pero como si no lo estuvieran», sostiene Rosalía León, que vive en un edificio situado justo en este punto. «Si te quedas mirando un cuarto de hora al cruce, siempre ves uno o dos coches que no cumplen con la norma», añade. Algo que corrobora otro de los residentes en el lugar, Javier Pandiella, que incluso reconoce haber «hecho esa "pirula" más de una vez para acortar distancia y tiempo».
«Sabemos que es imposible controlar al cien por ciento estos comportamientos, pero creemos que se puede hacer algo más si todos ponemos de nuestra parte», explica Álvaro Tuero. En este sentido, el presidente de la Asociación de Vecinos «Atalía» reclama una mayor vigilancia en todos los cruces de la avenida o una mejor señalización vertical. «La seguridad vial es un tema que afecta a todos y que debe ser una prioridad, no sólo cuando ocurren desgracias en las calles», señala.