A. RUBIERA
La historiadora Claudia Cabrero Blanco participó ayer en la conmemoración del XX Aniversario del IES Rosario Acuña con una conferencia titulada «Historia de las mujeres de la fábrica de Tabacalera», fruto de la investigación que ha llevado a cabo en el último año, gracias a una beca del Ayuntamiento.
-Un año de investigación y es posible que se prolongue la beca para seguir buceando en la historia de las cigarreras. ¿Da para tanto?
-Sí. A parte de ser la historia de un colectivo que tiene una importancia fundamental en la identidad de la propia ciudad de Gijón, es un colectivo muy pintoresco. Lo demuestra que la presencia de las cigarreras aparece desde finales del siglo XIX en todas las obras literarias o pictóricas que tienen que ver con Gijón. Pero, además, es un colectivo muy singular con un comportamiento igualmente singular, por lo que es interesante descubrir exactamente qué realidad hay detrás de ese mito de la cigarrera gijonesa.
-Ha revisado censos de población, archivos históricos, recuperado testimonios orales... ¿Qué diría que significó para Gijón la fábrica de tabacos?
-Diría que a veces se olvida lo más importante: que fue, hasta antes de la Guerra Civil, el mayor espacio laboral de mujeres trabajadoras en Gijón. Y eso no sólo tiene importancia dentro de la fábrica, ya que las mujeres desarrollan una vida casi tan importante fuera de los muros de trabajo. Tienen una intensa relación con todas las actividades sociales, políticas y culturales del resto de la ciudad. Y una estrecha relación con el resto de movimientos: obrero, social... De forma que acaban convirtiéndose en un elemento central de la identidad del Gijón desde el siglo XIX hasta casi el cierre.
-Su trabajo ofrece una revisión de lo que fue la posición de las cigarreras en la dictadura. ¿A qué conclusiones ha llegado?
-Hasta ahora se ha estudiado poco la cultura laboral y de protesta de estas trabajadoras. Frente a la idea generalizada de que adoptaron una actitud pasiva frente al franquismo, yo diría que tuvieron un papel relevante en la lucha contra el régimen. Evidentemente, la acción colectiva en el momento de la dictadura no era fácil, estaba bajo mínimos, pero las mujeres protestan a su modo y eso supone que incluso aprovechan visitas de Franco o del ministro Girón para trasladarles sus reivindicaciones. Aunque por la prensa de la época haya quedado el reflejo de que las cigarreras daban «color y alegría» a todas esas visitas oficiales, se pasó por alto que las mujeres formaban comisiones para ir a plantear a las más altas autoridades sus quejas.
-¿Había cultura de protesta en la fábrica?
-Aunque era minoría, la había. En los años 50 y en los 70 algunas mujeres se organizan en la militancia antifranquista. Había presencia de libertarias, y también de ugetistas, muchas de ellas con tradición familiar. Y cabe señalar la importancia que tiene la Juventud Obrera Cristiana en la fábrica en estos momentos. Además, por su propia experiencia laboral, por su concienciación con las duras condiciones de trabajo en las fábricas, también empiezan a participar en las elecciones sindicales y llegan a conseguir cargos en el sindicato vertical. En el año 1975 paran la fábrica por las represalias que habían sufrido los enlaces sindicales más activos; consiguieron tener la ración de tabaco que como pago en especies sólo se preveía para los hombres trabajadores, e incluso plantearon reivindicaciones que tienen que ver con su género, incluidos conflictos por los registros a los que eran sometidas antes de entrar a la fábrica, y que ellas consideran humillantes. También exigieron que el centro de trabajo fuera más seguro, más higiénico... hubo protestas en todas esas épocas.
-¿Diría que esa fábrica imprimió carácter en la población femenina gijonesa?
-El hecho de que en el período del cambio de siglo hubiera una fábrica que ocupaba a 2.000 mujeres (antes de la Guerra Civil eran 800) inevitablemente tiene que imprimir carácter. Más allá de la imagen pintoresca, idealizada o romántica, esas trabajadoras son, sobre todo, un colectivo profesional que tiene una conciencia de oficio muy clara. Son mujeres con unas jornadas de trabajo larguísimas, que llevan a cabo en un espacio muy inadecuado -oscuro, frío, húmedo-, que compaginan el trabajo con la maternidad y que van logrando por sus méritos discretos avances.
-¿Quedó hasta el cierre el orgullo de haber sido cigarrera?
-Sobre todo en las más mayores se percibe un orgullo y una conciencia profesional muy fuerte. La tienen y la exhiben, más que otros colectivos de trabajadoras. Tiene su piquilla con las «modistillas» de la Algodonera, y tienen una relación de camaradería muy fuerte con las de la rula. Ellas entienden que el suyo es un trabajo de mujeres, fruto de la especialización y eso les genera una identidad profesional muy marcada.
«Durante el franquismo no sólo dieron "color y alegría" a las visitas oficiales, también desempeñaron un papel relevante en la lucha contra el régimen»
«Mantuvieron su piquilla con las modistillas de la Algodonera»
Perfil.
Claudia Cabrero Blanco
Gijonesa, 32 años. Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo. Compagina la docencia en la Universidad de Oviedo con las investigaciones y publicaciones, sobre todo de historia de género. Es autora del libro: «Mujeres contra el franquismo. Asturias 1937-1952. Vida cotidiana, represión y resistencia», publicado en 2006.
En el último año logró la beca del área de Igualdad del Ayuntamiento de Gijón para la investigación y estudio de los archivos sobre el trabajo de las mujeres en la industrial fabril de Gijón. Ayer ofreció una conferencia sobre el trabajo de las mujeres cigarreras.