Miriam SUÁREZ
El Acuario de Poniente ha hecho una nueva incorporación. Se llama «Félix» y pesa 6,5 kilos. Corpulencia que le hace espectacular al tratarse de un bogavante. Formaba parte de la captura del pesquero «Bristas del Cantábrico» cuando el propietario de Angunalón, un vivero con instalaciones en Cudillero y Pravia, se fijó en el animal. Lo compró pensando en el acuario gijonés, porque «es una pena que se consuma un ejemplar así».
Para agradecerle el gesto, los responsables del equipamiento decidieron bautizar al bogavante con su nombre. «A los pocos días, fui al Acuario con mi sobrina para ver cómo estaba y los cuidadores empezaron "Félix, Félix". No, que Félix soy yo, les rectifiqué. Hasta que me contaron que el de dentro del acuario se llamaba igual. Me causó gracia», explica Félix Pedrueza, que aprecia este tipo de piezas como un joyero los diamantes. «Es que bogavantes como éste habrá cuatro. Como los brillantes de cinco quilates, igual», explica.
Pedrueza se ha convertido ya en un auténtico «mecenas» del Acuario de Poniente. El bogavante «Félix» no ha sido su único regalo. Entre sus aportaciones, también destacan «unas estrellas de mar rojas preciosas» y varios especímenes de cangrejo real, que se identifican con arañas gigantes de profundidad, porque habitan en fondos de hasta 1.000 metros. «Me gusta colaborar con el Acuario, porque creo que la gente tiene que ver estos animales tan singulares», señala Pedrueza.
Su bogavante ha pasado unos días en cuarentena. Los responsables del Acuario aseguran que se ha aclimatado perfectamente al tanque de la zona Atlántica: «Aunque estos animales tienen hábitos nocturnos y suelen estar escondidos durante el día, «Félix» nos salió presumido y pasa bastante tiempo fuera de su cueva, como posando para el público, que hace comentarios de todo tipo sobre su tamaño. Las pinzas llaman la atención».