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Lavandera: «Rubalcaba y Trevín ya han conseguido que tenga antecedentes»

El confidente del 11-M pacta con la fiscalía una reducción de pena por impago de 445 euros a una abogada, para evitar la cárcel y «poder cuidar a mi hijo»

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Francisco Javier Lavandera, ayer, a las puertas de los Juzgados de Poniente.
Francisco Javier Lavandera, ayer, a las puertas de los Juzgados de Poniente.  marcos león

Eloy MÉNDEZ

«Lo hago por mi hijo, que tiene siete años y que sin mí se moriría». Así explicó ayer Francisco Javier Lavandera su decisión de llegar a un acuerdo con la fiscalía para aceptar una condena de un año de prisión y una multa de más de 1.800 euros por un delito de insolvencia punible, al no pagar a una de sus abogadas poco más de 445 euros tras defenderle en un juicio por la compra de un coche con una nómina falsa. Un castigo con el que podría eludir la cárcel al no contar con historial penal. «Rubalcaba, Álvaro Cuesta y Antonio Trevín -ministro del Interior, diputado socialista y delegado del Gobierno en Asturias, respectivamente- ya han conseguido que tenga antecedentes», comentó enfadado a la salida del Juzgado el confidente asturiano de la trama de los atentados del 11-M, tras señalar que «nunca se me perdonará haber relacionado a ETA» con la masacre.

Con este acuerdo, el ex guardia de seguridad frena la celebración de un juicio en el que se enfrentaba a una posible condena de dos años y medio de prisión y a una multa de 4.320 euros, así como a una indemnización de 445 euros a la abogada a la que no abonó el pago de sus servicios al declararse insolvente en enero de 2006, a pesar de que meses después recibió casi 16.000 euros por derechos de autor del libro «A tumba abierta», donde ofrece su versión de la trama del 11-M.

«De todo aquel dinero, tuve que destinar 3.000 euros a impuestos y el resto a gente que lo necesitaba», aseguró, tras aclarar que la letrada que estuvo a punto de sentarle en el banquillo de los acusados «rechazó cobrar» la cuantía que le debía tiempo después. «Yo vivo de una pensión de 600 euros», señaló antes de subrayar que los derechos de autor del libro le fueron embargados precisamente por la demanda por la que ayer tuvo que responder en el Juzgado de lo penal número 2. A pesar de la condena, Lavandera dijo varias veces que confía en no pisar la prisión, ya que no cuenta con ningún tipo de antecedente y la pena es inferior a dos años.

Pero el condenado no sólo criticó con dureza su castigo, sino que también aprovechó la oportunidad para cargar contra los responsables de la persecución personal que dice sufrir por sus declaraciones posteriores a la masacre de Madrid. «Si me hubiera callado la boca, ahora sería un escolta de prestigio», dijo. En este sentido, subrayó que «a los mandos que no hicieron nada por evitar todo aquello se les ascendió a puestos muy importantes». Además, también censuró la actitud de la Policía Local durante los ocho días que estuvo a su cargo como testigo protegido. «Estuve comiendo empanadillas porque la señora alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, dijo que no había presupuesto para más», afirmó. «Además, tuve que estar a disposición de lo que me pedían mis escoltas», concluyó.

El confidente asturiano de la trama del 11-M también exigió que se resuelva el caso de un presunto tiroteo que sufrió mientras conducía por la parroquia de Deva hace casi cuatro años. «Me pegaron ocho tiros y nadie sabe nada de este asunto, ni se ha juzgado», se quejó a las puertas del Juzgado. También exigió que se conozca la autoría de los implicados en la muerte de varios animales que cuidaba en una finca de la zona rural. «Está claro que las personas que hicieron todo esto sabían que no iban a tener muchos problemas por hacerlo», señaló.

Todas estas acusaciones, le llevaron finalmente a valorar que «vivimos en un país de progres, donde sólo te respetan si hablas a favor del Gobierno». Además, añadió que «el juez del Olmo me puso una pensión de 1.200 euros de la que no cobré absolutamente nada», en relación al proceso judicial para esclarecer la autoría de los asesinatos que se produjeron en 2004 a tres días de las elecciones generales.

«Para mí no hay justicia, pero para los que me intentan callar sí la habrá, aunque sea divina», continuó, tras insistir en que «si acepto esta condena es por mi hijo, que está huérfano y que depende de mí», en alusión a la polémica muerte de su pareja en la playa de San Lorenzo hace unos años. Por último, retomó el 11-M para sostener que el ex minero asturiano Emilio Suárez Trashorras, condenado en relación a la cadena de atentados, «es culpable de traficar con explosivos, pero no de haberlo hecho con los que se usaron» en Madrid.

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