R. G.
La semana se ha hecho eterna para los familiares de Emilio Rodríguez y María Dolores Rodríguez. Los hijos del matrimonio aún no se explican qué pudo pasar con sus padres. Los vecinos tampoco. Una relación que parecía modélica y «muy discreta», según los vecinos, acabó envuelta en tragedia el pasado viernes.
María Dolores Rodríguez, de 56 años, y su marido llegaron a la calle Rosalía de Castro, en El Natahoyo, hace más de 30 años. En ese piso donde se consumó la tragedia vivieron con sus tres hijos: Camilo, Marlen y Joaquín. Independizados todos -aunque en la última época su hija, divorciada y con un hijo, volvía a vivir con ellos-, algo se tensó en su relación. Fue su hijo pequeño, Joaquín, quien el pasado martes entró en la casa para saber qué pasaba con sus padres. Hacía varios días que Marlen -que había pasado el fin de semana fuera- no tenía noticias de ellos y todos estaban muy extrañados. Las llamadas al domicilio y a los móviles eran constantes, pero nadie contestaba. A los vecinos también les escamó que el gato de la familia hubiera pasado «todo el fin de semana deambulando por la escalera». Joaquín Rodríguez revisó todo el inmueble y ante los pocos indicios que explicaran la falta de sus padres, decidió mirar incluso en el canapé en el que dormían sus progenitores, por si las maletas no estuvieran. Lo que descubrió fue el cuerpo sin vida de su madre, envuelto en sábanas.
Fue entonces cuando se puso en marcha un amplio dispositivo policial. Los agentes del servicio de atención a la familia de la Comisaría de Gijón tenían una prioridad: localizar al principal sospechoso. El hallazgo de Emilio Rodríguez, gijonés jubilado de Aceralia, fue otro duro golpe para esta familia de El Natahoyo. El acusado se había ahorcado en Villablino, una localidad que no le era ajena, ya que allí tenía algunos lazos familiares, según fuentes cercanas a la investigación.
El dramático suceso llega sólo un mes después de que un vecino de El Llano, de 65 años, acabara con la vida de su mujer después de tirotearla en el domicilio que ambos compartían. Tampoco entonces había indicios de problemas familiares graves.