R. G.
Juan Carlos Roces Gómez era, según sus amigos más cercanos y quienes más le conocían, «una persona dispuesta a darlo todo por los demás». Aficionado a los dardos, divorciado y con tres hijos, el hostelero vivía en Montevil con su pareja hasta que le quitaron la vida en el bar en el que tantas horas había trabajado. Sus amigos aseguran que no le olvidarán «en la vida». Y por eso desde hace varios meses organizan actos en su honor. Sin ir más lejos hace pocas semanas, decenas de conocidos del hostelero de La Arena se reunieron en un bar de El Coto para jugar a los dardos. «Él nos enseñó a jugar durante muchas horas en el Carvi y ahora le gustaría que le recordáramos así porque seguro que es como le hubiera gustado que le homenajeáramos» aseguraba entonces una de las participantes en el concurso.
A pesar de considerarse gijonés, Juan Carlos Roces había nacido en la localidad langreana de Ciaño. Con apenas 25 años entró ya en contacto con el mundo de la hostelería local trabajando en el barrio de La Arena en donde fundó el Carvi en compañía de su socio y amigo Vicente Díaz.
En los meses previos a su brutal asesinato, el hostelero se desplazaba todos los días desde su residencia hasta el lugar del trabajo en una furgoneta gris, que ya era muy conocida en el barrio. Casi tanto como él, un hostelero muy conocido en la ciudad.