Eloy MÉNDEZ
Las ventanas del segundo piso del edificio «Aura» dan al vacío. En frente del primer bloque habitado de la nueva área residencial de Roces sólo hay una parcela donde se anuncia una futura promoción inmobiliaria y los esqueletos de lo que, dentro de unos meses, serán nuevas viviendas de protección oficial, pero a Juan Carlos Regal y a Natalia Alonso eso no les importa. Saben que en poco tiempo vivirán en una de las zonas más jóvenes y dinámicas de la ciudad y, además, pueden hacer su mudanza sin miedo a molestar a nadie. Por el momento, ya se han convertido en los primeros residentes del barrio, proyectado para albergar una población superior a los 10.000 habitantes.
En la avenida de Roces, la gran arteria que cruza la mayor operación urbanística gijonesa de las últimas décadas, sólo el ruido de las máquinas anunciaba hasta ayer la presencia de actividad humana. A partir de ahora los coches de los vecinos recién llegados y los camiones cargados con sus pertenencias romperán esa monotonía de los dos últimos años. «No nos importa ser los primeros, todo lo contrario, así veremos crecer el barrio desde el principio», comenta Regal, sentado en el sofá de su nuevo salón, el único objeto de la casa, junto con una silla de oficina y un sillón, que ya ha sido desembalado. El resto se apila en cajas de cartón recién llegadas de Pamplona, la ciudad donde el matrimonio, originario de El Llano, residió con su hijo Yago durante los ocho últimos años.
«Teníamos unas ganas locas de volver a Gijón y empezamos a buscar piso en cualquier sitio. Acabamos aquí como podíamos haber acabado en otro lugar», reconocen. La decisión la tomaron en julio de 2009, cuando entraron en contacto con los responsables de la constructora Los Campos. Eligieron el edificio «Aura» por «la calidad de los materiales». El pasado miércoles fueron los primeros en recibir las llaves y en firmar todos los documentos legales que les convierten en los «fundadores» del barrio. «En dos semanas, esperamos estar asentados ya definitivamente», comenta ella.
En los setenta metros cuadrados útiles del nuevo hogar de estos gijoneses caben dos habitaciones, dos baños, una pequeña cocina y un salón bien iluminado. «Lo justo y necesario», aseguran. Los 150.000 euros los dan por bien pagados a cambio «de una nueva etapa por la que llevábamos esperando mucho tiempo». Atrás quedan los recuerdos de su estancia en Navarra, donde vivían de alquiler y donde dejan amigos, lo peor de su retorno a Asturias. «Echaremos de menos a nuestros compañeros de la peña gastronómica SC», comenta Regal. «Y yo, a los chicos del cole», añade su hijo, que ya tiene plaza en uno de los grupos de 2.º de la ESO del Corazón de María, donde quiere dar rienda suelta a su pasión por el baloncesto en el equipo escolar.
Hasta el centro de los Claretianos tendrá que ir y volver todos los días en el coche de sus padres. Por el momento, es la única opción que ofrece el nuevo Roces, a la espera de que la Empresa Municipal de Transportes ponga en marcha la línea que conectará el barrio con el centro de la ciudad. Será casi al mismo tiempo que la apertura de los primeros negocios y poco antes que la construcción de la escuela infantil hasta 3 años, anunciada por la Alcaldesa, y de la apertura de una nueva dependencia parroquial, proyecto que tiene ocupados desde hace algunos meses a los responsables del Arzobispado.