Ángel CABRANES
No han cumplido la mayoría de edad, pero ya tienen su futuro claro. Andrea Serrano quiere ser arquitecta, y Raquel García, médica. Ambas acaban de terminar el Bachillerato en el Colegio Virgen Mediadora de las Dominicas de Gijón y no tendrán problemas para cumplir sus sueños. Así lo demuestran sus impecables expedientes, a los que acaban de unir los resultados de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU): 9,556 de nota media figura en el de Serrano y 9,478 en el de García. «Quizá sean las mejores calificaciones obtenidas por uno de nuestros alumnos en la última década», reconoce Lourdes Rodríguez, directora del centro educativo gijonés.
Aunque lleva desde 1.º de Primaria en las Dominicas, el destino puede devolver a Barcelona a Andrea Serrano. Hija del ex futbolista del Sporting Belarmino Serrano, «Mino», nació hace 17 años en la Ciudad Condal cuando su padre era todavía jugador del Español. «Voy a ir a pasar una prueba para acceder a la Universidad Ramón Llull. Consiste en un examen de dibujo técnico y un análisis psicotécnico. Confío en que me salga bien, porque desde pequeña siempre quise estudiar Arquitectura», desvela la protagonista con una amplia sonrisa.
Previsora, Andrea Serrano tiene una segunda opción, fruto de los consejos de su familia. «En casa nos insisten tanto a mi hermano, Álex (una de las firmes promesas de la cantera rojiblanca) como a mí en que para desarrollar una carrera profesional siempre es preferible estar arropado por los tuyos. Por eso me han comentado que también solicite una plaza en la Universidad de Oviedo para cursar Telecomunicaciones. Como se imparte en el campus de Viesques y lo tengo al lado de casa, creen que es la mejor opción», asegura antes de subrayar que «de momento, lo que quiero es cumplir mi sueño».
A su lado, Raquel García comprende su manera de pensar con la misma cercanía con la que compartieron aula hasta hace escasas semanas. «Yo también desde muy pequeña tuve claro lo que quería ser de mayor, y ahora tengo una buena oportunidad para conseguirlo», afirma. García, la pequeña de tres hermanos criados en el barrio de El Coto y formados en el Colegio Virgen Mediadora, quiere estudiar Medicina. «Me parece una profesión muy completa, que te permite avanzar en conocimientos a lo largo de toda tu vida. El año pasado la nota de corte en la Universidad de Oviedo era de 8,9, por lo que pienso que no tendré problema en conseguir entrar ahora», explica con total serenidad.
Cuando intenta buscar la razón de su éxito académico no encuentra una respuesta clara, «quizá se deba a que estaba acostumbrada a estudiar bien desde pequeña. Siempre saqué buenas notas y para mi familia no supuso una sorpresa que consiguiera estos resultados», advierte antes de corregir rápidamente que «no por eso han dejado de estar muy contentos conmigo». Aun así, su magnífico expediente todavía puede mejorar, ya que «he reclamado que me suban la nota en Inglés. Iba muy bien preparada y tan sólo me puntuaron con un 8. Espero que en la revisión del examen puedan subirme unas décimas, porque cuando revisé las preguntas estaba convencida de que me había salido bien», argumenta con total humildad.
Porque ninguna de ellas se considera una «empollona», ni sufren las envidias de sus compañeros. «Aquí formamos un grupo muy familiar. Somos 27 en clase y 19 nos hemos presentado a la PAU en junio. Todos hemos aprobado, y la mayoría, con buenas calificaciones. El hecho de ser tan pocos y contar con la cercanía del profesorado ha hecho que casi tuviéramos unas clases particulares», subraya Andrea Serrano. «Te dan esa confianza de poder preguntar cualquier duda, sin dejar de hacerse respetar y llamarte la atención cuando toca», añade su compañera.
Ahora afrontan la llegada del nuevo curso con sensaciones encontradas. Por una parte, la ilusión de empezar una nueva etapa; por otra, la de decir adiós al que fuera habitual escenario de sus primeras experiencias. «Echaremos mucho de menos el colegio. Da pena», comenta Raquel García mientras su amiga se suma a su opinión afirmando con la cabeza.
Estas dos gijonesas desvían rápidamente las añoranzas hacia los planes del verano, porque «llegas a estas fechas ya un poco estresada. Son muchas horas de estudio durante los últimos días. Al principio iba con mucho miedo a la PAU, pero luego me di cuenta de que no era para tanto», argumenta Serrano. «Es más sencillo de lo que parece, pero claro, los nervios no te los quita nadie», sostiene García.
Las dos se despiden con un fuerte abrazo. Andrea Serrano viajará a Cádiz junto a su familia para disfrutar de unos días de descanso, mientras que Raquel García se irá de camping con su grupo más cercano de amigos. Se dan dos besos sin caer en la cuenta que han comenzado a dar los primeros pasos en solitario de un camino que iniciaron juntas hace más de 12 años. El de encontrarse entre las mejores alumnas que han pasado por las Dominicas.