FRANCISCO GARCÍA
Resulta paradójico que siendo Gijón la locomotora económica de Asturias, el territorio que más pita, el Gobierno de Zapatero le vaya a meter tijera al AVE desde Lena a la ciudad más poblada de la región. La alta velocidad llegará a Gigia a paso de tren-burra o a lo peor queda en vía muerta. La paradoja se acentúa al comprobar que lo único que en este país funciona como un tren y circula puntual a su cita con la gloria es la selección de fútbol, con un asturiano ex jugador del Sporting como maquinista, atizando la caldera de una maquinaria que, al contrario que el resto del país, no descarrila. Sólo por los favores que Villa le está haciendo al Gobierno de Zapatero con sus zapatazos sudafricanos, ya debería estar firmado un decreto para garantizar el AVE a las puertas de El Molinón. Ocurre que a Zapatero ya sólo le sujetan de pie los intangibles: el asalto a la semifinal de la Roja vestida de azul o el segundo Wimbledon de Nadal. Al boxeador del mentón de cristal le salva la campana. A saber cuántos asaltos le quedan a un púgil grogui que ya se mueve torpe y zambo por las esquinas del cuadrilátero, próximo al golpe de gracia que lo lleve a la lona.