Misiegu (Villaviciosa),
Mariola MENÉNDEZ
La ría de Villaviciosa vuelve a dar sus frutos en plena campaña de la navaja, que se inició el primero de julio. Aunque esta temporada ha arrancado floja por culpa de las mareas muertas, los mariscadores esperan remontar en estos meses de verano. La sombra de la crisis, que impide dar salida a todo el marisco deseable, ha obligado a rebajar el cupo máximo de los ocho kilos diarios a sólo cinco, con una talla mínima de ocho centímetros. Esta reducción se mantendrá hasta el mes de septiembre.
La ausencia de mareas vivas en estos primeros días de julio no ha permitido comenzar con abundantes capturas, ya que la faena durante la tarde, momento en el que la bajamar permite adentrarse en la marisma, viene acompañada de brisa y de demasiada agua dulce, que no anima a las navajas a dejarse ver. Por eso, la queja más habitual, ayer, entre los mariscadores era la escasez de ejemplares y su recidido tamaño, como comentaba Neri Amandi, quien ya ha perdido la cuenta de los años que lleva faenando en la ría desde que se iniciara siendo niña, animada por el resto de la familia. Prueba de lo poco fructuoso del día es que en hora y media sólo había reunido tres docenas de navajas. Pero el estuario también es un refugio para muchos de estos mariscadores; la mayoría de ellos reconoce que «la ría engancha» y a otros les aporta sosiego y les invita a la reflexión. Incluso hay tiempo para cantar. Neri Amandi dice ser «muy cantarina» y agrega que lo más duro de la jornada, que ronda habitualmente las cuatro horas, es «el sol, que pesa tanto».
Otros, como Bernardo Villar, prefieren el calor del verano al frío del invierno para trabajar. Admite que la recolección de la navaja le «engancha mucho. Es un vicio, y más lo era antes, con la varilla, que ahora con la sal (métodos empleados para lograr que salga al exterior el molusco). Es muy divertido». Este mariscador se conoce palmo a palmo la marisma y la situación de cada uno de sus pozos, tanto que asegura que sería capaz de recorrerla con los ojos tapados.
Villar manifiesta que su sector ya comenzó a notar el año pasado la caída de las ventas debido a la crisis y este invierno asegura que «se pescó mucho pero con poca salida». De hecho, muchos días tuvieron que intentar colocar el género en la rula de Avilés. Ahora confían en que las mareas vivas de finales de semana y principios de la próxima animen las capturas. Otra de sus quejas es que el precio del kilo de navajas en la rula sigue, desde hace años, estancado en los tres euros, y no hay visos de que su cotización vaya a aumentar. Por eso el marisqueo es, para muchos, una forma de ayudar a la economía familiar. Así y todo, el guardapesca, Gabino Fernández, indica que este año faenan en la ría tres mariscadores más que el pasado, sumando un total de 28.
Fernández concreta que el pasado verano se extrajeron 919 kilos de navajas de la ría de Villaviciosa, muy valoradas por su excelente calidad. En julio las capturas alcanzaron los 191 kilos, ya que el inicio de la temporada se retrasó por el cierre del estuario al marisqueo debido a la presencia de una toxina en el agua. Las capturas remontaron en el mes de agosto, con casi 448 kilos, y en septiembre se recogieron otros 280. Entre los meses de octubre y marzo se obtuvieron 234.
La campaña ya concluída de almeja, también muy apreciada la de Villaviciosa por su sabor , mantuvo los precios entre los 21 y los 15 euros. En total, se extrajeron 2.490 kilos y 76 de berberos.
El mes de junio tampoco está siendo muy bueno para el cebo, debido, igualmente, a las mareas muertas. José Manuel Menéndez, pescador deportivo, se afanaba en Misiegu por sacar algún «xorrón» que utilizará como señuelo para lubinas, doradas o xargos. El furtivismo es otro problema, a pesar de las multas, de entre 60 y 6.000 euros.