A. RUBIERA
El Hospital de Cabueñes tiene una media de 300 urgencias diarias. Según la responable del servicio, Guadalupe de la Riva, en la actualidad hay días en los que se rondan las 350 atenciones. Un domingo cualquiera, de ocho de la tarde a ocho de la madrugada, ningún médico de guardia esperaría menos de un centenar de pacientes. Cualquiera a excepción de un domingo con final del campeonato mundial de fútbol. Entonces, por la puerta del servicio sanitario gijonés sólo entraron 35 adultos y 12 niños, según consta en el libro de registro de ayer. Y en concreto, en las dos horas y media que duró el partido, apenas nadie.
«A eso se llama una buena guardia», confiesa De la Riva. Esa situación se vuelve aún más peculiar cuando se sabe que, además, el personal de urgencias de Cabueñes ya contaba con tener una noche tranquila. Porque así se lo dictaba la experiencia y, también, los antecedentes más cercanos. El más próximo lo tenían el miércoles de la semifinal futbolera entre Alemania y España, otra guardia excelente para el personal y una comparación odiosa con quienes habían trabajado sólo un día antes.
«El lunes y el martes el servicio había sido una locura, con una cifra muy alta de atenciones; fueron días malísimos en los que se nos caían las hojas de tanto paciente como teníamos», contaba ayer De la Riva. Por eso mismo, se entiende que hubiera profesionales proponiéndose para trabajar el domingo, e intentando cambiar su guardia de sábado con algún compañero. «Con determinados eventos televisivos importantes tenemos comprobado que bajan las urgencias. Alguien recordaba hoy mismo en el servicio que le había tocado vivir una guardia coincidiendo con una final de Gran Hermano y que había sido espectacular porque no había entrado nadie. Algo que, desde luego, llamaba la atención», relataba De la Riva. A la escasa actividad registrada ayer se sumó, además, la levedad de los procesos que se atendieron. «Sólo hubo dos ingresos, uno de ellos por insuficiencia cardíaca, y otro caso relativamente grave de alguien que llegó con dolor torácico. El resto fueron cosas banales», comentó la responsable.
Tan destacable, o más, fue el escaso movimiento en el área pediátrica, con sólo 12 atenciones, ya que según De la Riva los fines de semana son especialmente complicados con los niños, con un alto número de atenciones, incluso más que durante la semana. Pero tampoco ellos se pusieron malos esta vez.
En el otro lado de la ciudad, en el hospital de Jove, la situación fue muy parecida. «Se puede decir que hubo muy poquita atención, aunque ligeramente superior a lo que estamos acostumbrados de media», relataba el doctor José Manuel Piedra, jefe de Urgencias. Pero en ese incremento tiene mucho que ver que en su zona de influencia se está celebrando la «Semana negra», lo que ha obligado al centro a reforzar las guardias del fin de semana. Aún así, de la docena de pacientes que pueden tener otro domingo, esta vez se llegó a18 casos y «todos fueron pequeños procesos, en su mayoría por traumatismos, alcoholemias y alguna indisposición, pero nada realmente importante», recalcó Piedra.
Un comportamiento «cívico y correcto». La alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, se mostró ayer muy satisfecha tanto por la victoria de España en un partido en el que sufrió «tremendamente», como por la fiesta sin apenas incidentes que protagonizaron los gijoneses. Aunque hubo quien «toreó» coches -lo que obligó a intervenir a la Policía-, y quien se aprovechó, puntualmente, de quienes se bañaban en la playa para robarles sus pertenencias, pero no hubo que lamentar muchos más incidentes, según los portavoces policiales. A la izquierda, un momento de la celebración nocturna en la fuente de Pelayo, en la plaza del Marqués.