Elia IGLESIAS
A Iolanta Lomakina le hace gracia el acento asturiano. «Es divertido ver como decís algunas palabras. "Cosina" o "guapino", por ejemplo». Esa gracia, sin embargo, no le impide entender bien a los gijoneses. Algo que, confiesa, no ocurre igual con el gracejo andaluz.
No le pasa sólo a ella, también a sus alumnas rusas, con las que este verano Lomakina, profesora de español en la Escuela de Diplomáticos en Moscú, está pasando un os días en Gijón. Su grupo, compuesto por una decena de chicas, está llevando a cabo un programa de inmersión en lengua española con la academia gijonesa Mundidiomas, en la que también han recalado alumnos americanos e italianos. Ayer, fueron recibidos en el Ayuntamiento por el concejal de Educación, Justo Vilabrille. Porque aunque son muchos los gijoneses que en verano se marchan a aprender un idioma al extranjero, también hay muchos extranjeros que se acercan a esta tierra a practicar su incipiente castellano.
Uno de los responsables de ese peregrinaje es Joaquín Diego, que ejerció de anfitrión de la academia gijonesa y quien asegura que «estamos acostumbrados a dar clases de inglés durante el año y además, también es bastante común enviar a estudiantes españoles al extranjero. Pero en nuestro caso se suma que desde hace unos años decidimos hacerlo a la inversa y traer estudiantes de otros países para estudiar castellano. Y la verdad es que la iniciativa ha dado buenos resultados».
Los estudiantes se quedan en familias de acogida y asisten cada día a clases intensivas para perfeccionar el idioma. Además, organizan excursiones en grupo para conocer los puntos más turísticos de Asturias. «Los llevamos a Covadonga y a Oviedo, por supuesto» relata Joaquín Diego para añadir que «la verdad es que les encanta conocer nuevos lugares. Muchas veces se marchan ellos por su propia cuenta a explorar Asturias».
En su bienvenida en el Ayuntamiento, Vilabrille confesó su admiración por algunos de los comportamientos que siempre demuestran los alumnos extranjeros. «Lo que más me llama la atención es que sois muy educados y sabéis estar muy bien. Un español en vuestro lugar estaría tocándolo todo», comentaba entre risas, en la sala de plenos del Ayuntamiento, el edil de Educación, para quien «en el término medio está la virtud, así que tenéis que disfrutar y divertíos mucho durante vuestra estancia en Gijón».
Pero de eso, del disfrute, ya daban buena cuenta las implicadas. «Me encanta Gijón. Creo que es una de las ciudades más bonitas del mundo. Está muy limpia. Además me siento muy segura cuando camino por sus calles, no es como Moscú, que es muy grande y peligrosa», sostenía Lomakina. A lo que Alevtina Neznánova una de las estudiantes, añadía: «Gijón es preciosa, también a mí me encanta». A ella lo que no le había gustado mucho era «la sidra», pero, a cambio «reconozco que me encanta la tortilla de patata. Sé que algún día volveré a Gijón, es una ciudad muy rústica», sostenía.
Los anfitriones de estos estudiantes coinciden en lo mismo: la población eslava tiene una capacidad increíble para aprender y perfeccionar el castellano. «Aprenden mil veces más rápido que cualquier español yo creo que es porque su idioma es más complejo en muchos aspectos que el nuestro», afirmaba Joaquín Diego. Y, para muestra, el buen español que ayer practicaron en el Ayuntamiento.