FRANCISCO GARCÍA
Los efluvios mundialistas, épicos en los últimos días, y en las últimas horas, francamente etílicos, han obligado a aparcar, siquiera momentáneamente, el reconocimiento público de la notable recomposición de la plantilla del Sporting de cara al curso futbolístico que se avecina. Los mandatarios rojiblancos han trabajado rápido y han trabajado bien, apuntalando la plantilla con singular acierto. Si hace un año se reforzó la retaguardia, tal que el equipo dejó de encajar goles como un coladero, esta vez los refuerzos llegan de medio campo para arriba, conscientes de que la temporada anterior se disparó a gol con pólvora mojada. Nacho Novo, Ayoze, el «Toro» Sangoy, el mundialista Eguren y la confirmación de Botía (a quien muchos sportinguistas sueñan con ver algún día no muy lejano de pareja de baile con Piqué en esta Roja laureada) conforman un elenco a priori memorable. Para no pasar apuros, como mínimo. Y en un Molinón remozado, inundable de creciente Mareona.