JOSÉ LUIS ARGÜELLES
La historia de Argentina, su hijo José Carlos y los dos chuchos con los que ambos conviven desde hace días en la inhóspita tabla de un banco de la calle Magnus Blikstad me conmovió desde la primera vez que escuché a la anciana el relato de cómo se vio en la calle, sin techo al que acogerse, de la noche a la mañana. Aquí, en estas mismas páginas, contamos hoy las desventuras de este cuarteto del arroyo que permanece unido, inconmovible en medio de su ruina, abandono y desolación, por amor y fidelidad. Según me han explicado, ninguna institución les acoge o les hace demasiado caso por su firme y elogiable decisión de no abandonar (ellos, que han sido abandonados por casi todos) a los perros con los que llevan tantos años de compartido infortunio. Viven sus días abrazados a la tibieza de pelo y mansedumbre de esos breves animales, mientras esperan que alguien les alquile un piso o una casa en donde guarecer sus muchos quebrantos y penas. Ellos que nada tienen y que esperan más bien poco nos dan una lección a todos con su ejemplo.