M. CASTRO / R. VALLE
Ya hace meses que nadie se para ante Naval Gijón para intentar vislumbrar el contorno de un barco bajo una maraña de grúas. Tras el muro que siempre fue lienzo para las pintadas reivindicativas nadie construye embarcaciones desde hace tiempo. Ni las construirá. El Plan General de Ordenación (PGO) sentencia la conversión de ese suelo en un polígono industrial de nuevo cuño donde las dependencias de trabajo de empresas de investigación y desarrollo comparten edificaciones con tiendas y bares y por cuyas calles transiten con igual libertad los trabajadores de una empresa de logística camino de la oficina y los paseantes que quieren dar una vuelta a pie de mar. Los redactores del plan, con el apoyo político de un gobierno municipal integrado por PSOE e IU, intentan con esta operación singular mantener el carácter productivo de un espacio vinculado desde hace siglos a la economía local y, al tiempo, completar la recuperación de la fachada marítima de la zona oeste de la ciudad. El PP siempre optó con darle un uso residencial.
Los 63.154 metros cuadrados de terreno -de los que 20.573 están fuera del servicio del puerto- se ordenarán mediante un Plan Especial de Reforma Interior que afecta a todo el espacio, incluido el que es propiedad de la Autoridad Portuaria que puede encontrar en esta operación un revulsivo económico para sus castigadas arcas por la obra de El Musel. La edificabilidad total es de 44.208 metros cuadrados: 30.946 industrial y 13.262 de uso terciario. La ficha sobre la actuación que se incluye en el PGO ya deja más de una cosa clara. Para empezar que el diseño de la zona seguirá la tipología que marcan los denominados «edificios barco» de Poniente con construcciones que tendrán una altura máxima de seis plantas y donde los usos comerciales se deben ubicar en la planta baja de las edificaciones.
Otro de los criterios básicos de la ordenación es que las dotaciones públicas se concentrarán en el borde costero, fundamentalmente en torno al antiguo dique, y que se debe generar un vial que comunique el área del Acuario con la Travesía del Mar y donde se restringirá el tráfico rodado. El uso industrial del espacio está limitado a «empresas limpias» y se reserva a usos terciarios un 30% del aprovechamiento del territorio.
La elaboración del plan especial debe tener en cuenta las limitaciones que impone la presencia de ese espacio en el catálogo urbanístico. El principal elemento del conjunto es «el dique» como pieza de referencia de la actividad naval en Gijón. Los especialistas también ponen en valor elementos singulares como la bomba y la pila de lavado. A nivel general, el conjunto del astillero está sujeto a un nivel de protección ambiental documental.