STELLA ARAUZO
Directora artística de la compañía de danza «Antonio Gades»
Á. CABRANES
Stella Arauzo (Madrid, 1964) conoció a Antonio Gades cuando apenas contaba con 17 años. «Esta chica tiene algo en la mirada que me gusta», le dijo el bailarín la primera vez que la vio y, no se equivocaba. Al poco tiempo tomó el relevo de Cristina Hoyos, convirtiéndose en pareja de baile de Gades, y tras el fallecimiento del artista, en 2004, se encargó de la dirección artística de la compañía de danza creada para difundir el legado de uno de los genios del baile español. El Jovellanos exhibirá el sábado, a las 20.30 horas, una de las perlas que dejó Antonio Gades, «Fuenteovejuna», estrenada en 1994 en el Ópera Carlo Felice de Génova y que ahora regresa a los escenarios bajo la tutela de Arauzo.
-¿Qué supuso para usted poder compartir con Gades parte de su trayectoria?
-Todo. Entré en la compañía con 17 años, casi de forma circunstancial, porque una amiga, Sonia Cámara, renunció a un papel y les dio mi teléfono. Desde que vi a Antonio Gades y a Cristina Hoyos, mi musa y mi gran maestra, entendí que la danza era mi camino. Más tarde, cuando Cristina Hoyos formó su propia compañía, empecé como pareja de baile de Gades y fue otro sueño cumplido. Él te iluminaba, te daba energía... Y sigue dándome, porque pasan los años y sigo aprendiendo. Es curioso que después de haberse ido siga enseñándonos cosas a través de sus obras.
-¿Cuál es la mejor lección que le ha dado Gades?
-Me enseñaba mucho en la calle. Artista y persona van siempre unidos, y observar su comportamiento era una de las mejores lecciones. Para él, humildad, honestidad y dignidad eran los calificativos que siempre tenían que impregnar tanto el trabajo, como las relaciones.
-¿Recuerda alguna anécdota que pueda ilustrarlo?
-Sí, tengo una grabada. Sucedió cuando se retiró de bailar «Carmen» y entró otro muchacho joven para sustituirle. Estábamos de gira, y poco más tarde llegábamos a Madrid. Antonio decidió entonces regresar al escenario, porque su pensamiento era que quizá fuera la última oportunidad en que pudiera hacerlo. El caso es que quien le había sustituido hasta el momento no estaba dispuesto a cederle el protagonismo en la obra y pasar a integrar el cuerpo de baile. Al final, el chico tuvo que ceder, pero a los pocos días, con «Fuenteovejuna», Antonio apareció vestido de jotero y pasó al cuerpo de baile. Lo hizo con una dignidad y fuerza impresionantes, a pesar de que estaba ya un poco «asfixiadito». Fue una total demostración de humildad. Antonio me enseñó que en la vida no hay estrellas, no hace falta que te den un puesto para saber quién eres.
-¿Cuándo asumió la dirección artística de la compañía?
-En 2005. Antes de que falleciera Antonio Gades, él decidió crear una fundación para ceder su legado. Es cuando se piensa en hacer un homenaje y se crea una compañía en la que me escogen como directora, ya que había pasado la última época acompañándole. En principio, era sólo para ese evento, pero después se le dio continuidad y hemos llegado hasta aquí.
-¿Sigue bailando?
-Sí, en alguna de las obras que hemos recuperado del maestro. Es el caso de «Bodas de sangre» y «Suite flamenca», en las que estoy dentro del cuerpo danza. En el caso de «Carmen», lo he hecho hasta principios de año, y ahora con «Fuenteovejuna» he decidido darle paso a la gente joven. Además, el trabajo de dirección artística exige concentración, y era mejor que estuviera fuera que dentro.
-¿Cómo es esta nueva «Fuenteovejuna»?
-Lo único nuevo son las personas que estamos en escena, porque de los 25 bailarines, sólo cinco estaban en su primer estreno. Por lo demás, es una recuperación fiel de lo que nos dejó el maestro, en la que nos hemos servido de vídeos para intentar mimetizar pasos y escenografía de aquella primera interpretación en Génova. Es un recorrido por la música y las danzas regionales de España, con el toque de sobriedad y elegancia de Antonio Gades.