POR CUCA ALONSO
Al solo anuncio de la interpretación de «Carmina Burana» se llenó en dos tardes consecutivas el teatro Jovellanos, sin que el público se preguntara por la solvencia de la orquesta, coros y ballet de la Ópera de Esmirna. Y es que el enorme atractivo de la obra, su fácil lectura, su colorido y sensualidad es una oferta muy segura para los amantes de la música coral. Y creo que al final todos nos llevamos una sorpresa muy agradable. Este «Carmina Burana» (nombre que procede del latín, carmen-carminis, canto o cántico, con el añadido de Bura, denominación igualmente latina del monasterio donde se encontró el manuscrito con su colección de poemas, Benediktbeuern. Por tanto «Carmina Burana» podría traducirse en un simple «Canciones de Beuern») resultó ligero, no excesivamente académico, como si los cantantes lo hubieran interpretado un millón de veces. Circunstancia de doble filo, ya que puede descuidarse su disciplina, aunque la belleza de la obra enjugó las leves disociaciones vocales.
El espectáculo, dividido dos partes, se inició con dos piezas de la ópera «Bit Kumru Masali», obra del compositor turco Adnay Saigun. Seguido de la Bachanale de «Sansón y Dalila», de Saint- Saëns, el Coro de Peregrinos de «Tanhauser», de Wagner, y un preludio de Verdi. Hubo un caluroso recibimiento para el director de la orquesta, el argentino Tulio Gagliardo. De muy buena pinta, joven, esbelto, sin frac... Condujo a todos, músicos y cantantes con verdadero aplomo; no era fácil abstraerse teniendo al ballet cruzado en la trayectoria entre batuta y coro.
Por fin llegó el gran momento en que «O Fortuna» nos puso en situación. A partir de ahí ya no hay descanso para la alegría; el ánimo se engancha del aire de fiesta de toda la obra. «Veris leta facies», es canción que parece apoyarse en la magia de los suspiros, con esas pausas definidas por un breve acorde. Bellísimo el «Omnia Sol temperat», en la voz del barítono Gökhan Koç. «Ecce gratum», una pieza fantástica para que el ballet desarrollara una espectacular coreografía. «Tanz», exclusivo de la orquesta, marca el preludio de «Floret silva», un auténtico juego floral donde las sopranos señalan las evoluciones de los pájaros. Precioso «Amor volat undique», a cargo de la estupenda soprano Evren Kayacan, precediendo al tenor Erdem Erdogan en «Dies, nox et omnia», acompañado del barítono. «Stetit puella», de nuevo en la voz de Evren Kayacan, nos ofreció una sensacional ejecución. En resumen, fantástico espectáculo que completó un ballet digno de la mejor escuela. Lástima que al final de las 25 canciones, y no sabemos por qué, nos hurtaran el «O Fortuna» que cierra esta sensacional cantata.