M. CASTRO
Axel Föhl es, desde 1974, el responsable del área de investigación de monumentos de la industria en la oficina federal del Estado de Renania del Norte-Westfalia, en Alemania. Desde 2005 es profesor de Arquitectura y Conservación de Monumentos Industriales en la Universidad tecnológica de Delft (Holanda), a la que llegó tras impartir clases durante 12 años en la Universidad tecnológica de Brunswick. El pasado viernes ofreció una conferencia sobre el patrimonio de la industria eléctrica en Alemania, en el marco de las XII Jornadas internacionales de patrimonio industrial, que organizó Incuna en la Universidad Laboral, donde tuvo lugar esta entrevista.
-¿Qué le parece este edificio?
-Creo que es la expresión de la complejidad de la arquitectura española del siglo XX. Lo que más admiro es el contraste entre elementos exteriores tradicionales y la absoluta modernidad de los elementos interiores, que es un excelente ejemplo de la modernidad arquitectónica de los últimos años cincuenta.
-En su día hubo una polémica por la simbología franquista que lo adorna. ¿Qué opina?
-En Alemania también hubo la misma polémica tras la II Guerra Mundial, porque muchos edificios tenían símbolos del Tercer Reich, como la esvástica. Creo que es importante tener de una manera u otra los signos del pasado, para dar oportunidad a que la gente pueda opinar por sí misma. Un ejemplo es la ciudad de Nuremberg, donde se pueden ver algunos de los mejores ejemplos de la arquitectura de la época nazi y ver hasta qué punto hubo una locura ahí. Eso lo muestra mejor a la gente joven que muchos libros, porque se pueden enfrentar directamente a ello.
-Usted ha hablado en Gijón sobre el patrimonio industrial de la industria eléctrica en Alemania.
-En Berlín hay muchos edificios que en su origen estuvieron ligados a la industria eléctrica, en especial a AEG y Siemens. Entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX. El principal exponente es un edificio que aún alberga turbinas que siguen produciendo en el centro de Berlín. Los demás tienen otros usos.
-¿Conoce la central de Grandas de Salime, en Asturias?
-Conozco muchos ejemplos de arquitectura funcional en otras partes del mundo, como las estaciones de bombeo holandesas, pero la central de Salime es el mejor en cuanto a la integración de las artes y la arquitectura industrial, muy excepcional en el siglo XX.
-La zona del Ruhr es capital europea de la cultura en 2010. ¿Cómo lo han logrado?
-Se unieron cinco ciudades muy importantes en una zona que suma 5 millones de habitantes. Se presentó una idea común de ese entorno, basada en la integración de la arquitectura, el arte y la industria.
-Oviedo ha quedado excluida como candidata a la capitalidad cultural. ¿Qué opina?
-La propuesta de Oviedo excluía la temática que acabo de señalar. No lo puedo censurar, porque la otra capital europea de la cultura este año, Estambul, planteaba una propuesta completamente distinta a la nuestra. En nuestro caso, lograr la capitalidad cultural es un exponente del cambio que ha habido en el Ruhr. En 30 años ha cambiado la actitud de la gente que vive ahí, de vergüenza a orgullo. En los ocho primeros meses de este año, el Museo de la Industria de Essen ya ha tenido 400.000 visitantes.
-¿Se nota el tirón?
-Uno de los museos, inaugurado este mismo año, ya lleva 140.000 visitas. Lo más importante para nosotros es el cambio en la percepción de la gente, que se da cuenta de que un edificio industrial puede ser de interés, no sólo un castillo. En el Loira, en las carreteras indican cómo llegar a castillos. Nosotros hemos colocado en las carreteras más de un centenar de señales que indican cómo llegar a fábricas.
-Asturias también es una región minera, con pozos que cierran. ¿Alguna sugerencia de uso cultural?
-Ya existen museos en Asturias de industrias técnicas, como el de la minería o el del ferrocarril. No defiendo situar un museo en cada edificio industrial, pero es un problema reflexionar sobre qué usos se les puede dar, porque no todos los edificios son monumentos. Hace ocho años organicé una exposición sobre usos de viejos edificios industriales. Viajé por 50 ciudades europeas, donde me impresionó la experiencia de la República Checa, con una importante concentración de edificios industriales.
-Ustedes han visto desaparecer un buen número de industrias pesadas, algo similar a lo que ha ocurrido en Asturias. ¿Qué me dice?
-Es un proceso de muchos años. La industria pesada ya no tiene sentido, no sólo en el Ruhr, sino en toda Europa. Se ha ido desplazando a otras zonas del mundo. Hay que ir pensando cómo cambiamos. Ahora lo importante es ver las posibilidades de uso y la utilidad de los edificios industriales. Ejemplos de esto que digo son los antiguos espacios portuarios de Duisburgo, Hamburgo, Amberes y Liverpool, que se han transformado en zonas residenciales de lujo. La transformación ha sido realmente excepcional en el caso de Liverpool y el área recibe hasta 5 millones de visitantes porque en la misma se ha establecido un museo, una sucursal de la galería londinense Tate.
-En un espacio como el de los antiguos astilleros de Gijón, ¿qué propondría?
-Las posibilidades están abiertas. Otro ejemplo de la transformación es el de la antigua pescadería municipal, que pasó de ser un mercado a un edificio administrativo. Con lo que hay que tener cuidado es con tratar de buscar el efecto Bilbao, con el Guggenheim, porque es muy problemático introducir dudosas arquitecturas modernas en contextos históricos. Cuando alguien piensa que levantando un museo va a transformar la realidad, debería tener en cuenta que los milagros no existen.
-¿Y el Niemeyer en Avilés?
-No lo conozco. En cualquier caso, lo que yo defiendo son actuaciones como la de Bernard Tchumi en Lille, en Francia, que mantiene la zona industrial existente y la complementa con un edificio nuevo, integrándolo.